sino por supresión de personajes.
Los parlamentos de doña Paula, doña Lucía, Purita, Arístides y el
chofer, quedaron repartidos entre Teresa, Rosaura, Renato y Lorenzo,
de manera que una nómina para catorce actores quedó
reducida a nueve, lo que para toda empresa es un buen ahorro. Estas supresiones, por otra parte, no modifican
en nada el sentido de la obra, tales personajes eran en
verdad innecesarios y fue un acierto de Rambal eliminarlos.
La estructura de la obra es ingeniosa
por cuanto resuelve su arquitectura cuadrangular
haciendo intervenir al “más allá” como mecanismo para hacer el cambio de
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parejas. Si bien este tratamiento ha dejado de ser una novedad, éste no ha perdido su lozanía. La comedia camina con ligereza en el primer y el tercero de los actos, no así en el segundo, debido a que el conflicto no llega nunca a hacer crisis, manteniéndose en un estado latente, tácito, más que explícito o explosivo.
No es ésta de las obras que se prestan para que los actores
realicen brillantes caracterizaciones. La Lucy Gallardo, el Enrique Rambal, el Jorge Lavat y la Adriana Roel que vemos son los mismos que hemos visto en otras comedias.
La relación entre actor-personaje es inversa de la
ideal. No se trata de actores que se amoldan a unos personajes, sino de personajes
que se amoldan a unos actores. Esta
característica, hereditaria del teatro
español de principios de siglo, la encontramos lo mismo en Mihura que en Alfonso Paso y en todos los fabricantes de comedias al mayoreo, así como en la generalidad de los actores de los teatros comerciales que confían más en su atractivo personal que en el atractivo de los personajes que interpretan. Saben
que su público los busca a ellos y responden complacientes a esa demanda.
El reparto fue completado por Betty Catania, Ada Carrasco,
José Peña “Pepet”, Lucha Altamirano y Ramiro Orcí. Betty Catania, que se ha incorporado al teatro mexicano, se dio a conocer por primera vez a nuestro público en Historias para ser contadas que puso
en México un grupo argentino: el “Teatro de
los 21”, que
vino a nuestra
capital en 1961, grupo con el que ella trabajó desde
su fundación (1957). Es un
elemento valioso que ojalá nuestros empresarios sepan
aprovechar.
La escenografía naturalista de Reyes Meza es la más apropiada, para este género de teatro enfocado a la simple diversión y sin ningún propósito expresivo -ideológico o estético. |