La vida es sueño
Teatro Fábregas. Autor, Pedro Calderón de la
Barca. Adaptación, Wilberto Cantón. Dirección, Óscar
Ledesma. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Raúl Ramírez, Magda
Guzmán, Enrique Aguilar, Fernando Mendoza, Jana Kleinburg, etc....
Bien está hacer teatro para primarias y secundarias. Bien está dar
a conocer a los clásicos de la literatura española. Bien está laborar por la
difusión de la cultura. ¿Pero entonces por qué no limitarse a hacer funciones matutinas o
vespertinas? ¿Por qué representar una
obra pensada para el auditorio infantil, en horario nocturno y sin
especificación de que se trate de teatro para niños? ¿Debe juzgarse como teatro para
adultos? ¿Como teatro didáctico, cuando el auditorio es adulto?
Por una parte la dirección de escena, encaminada a hacer claro
el mensaje de la obra, para que el alcance infantil pudiera asimilarlo,
resulta tan obvio para el adulto, tan
desmesuradamente ingenuo, que cualquier espectador pierde el interés en la
obra; por otra parte, está tan mal dicho el verso, tan pésimamente acentuado y
tan estática, si no ridícula, la mímica,
que si de este modo se quiere difundir el teatro clásico, lo único que se conseguirá será aburrir y ahuyentar al
espectador poco conocedor y al conocedor, desesperarlo
al extremo de preferir abandonar la sala.
Es pues indispensable ser consciente de a qué tipo de público se
dirige un espectáculo, puesto que lo que pudiera
ser virtud, en teatro infantil, es
defecto en teatro para adultos y viceversa. Esa forma de manejar las manos de todos los actores, que para el espectador adulto resulta pobre,
para el público infantil, a modo de teatro de títeres, está más que
justificada. Esa manera de recalcar cada rima, puede ser didáctica para el niño, para el adulto en cambio es risible.
En este
asunto de la entonación hay algo imperdonable
en la forma en que Óscar Ledesma hace hablar a sus actores y es que
las palabras no reciben la intención adecuada, debido a que el acento rítmico
de cada verso, está traspuesto en innumerables ocasiones.
No hay ligaduras donde debía haberlas, no se respetan muchas de las sinalefas, y este defecto lo es aun tratándose
de teatro infantil, tanto o más que si se tratara de teatro para adultos, pues lo que
va encaminado a la educación tiene mayor responsabilidad de perfección, que aquello que quiere ser divertimento o
expresión artística.
Lo mejor logrado son las escenas solitarias de Raúl Ramírez, pero en
cuanto aparecen los personajes acartonados que lo circundan, todo el espectáculo se viene abajo. La escena de la guerra es de una
candidez que no inquieta ni siquiera a un muchacho de doce años.
La escenografía, por su lado, si [bien es] buena para las escenas de la torre, es impráctica para las del palacio. Ni qué decir tiene
que toda la profundidad filosófica del más famoso drama de Calderón queda
reducida a nada. Inútil pues, por no decir absurdo, sería hablar de
la interpretación que el director realizó de la obra. Creo, sinceramente, que
el mal de esta puesta en escena es haber dado a espectadores adultos un guiso
que no fue preparado para ellos. El espectador que llega al teatro, creyendo
ver el verdadero drama calederoniano, llega engañado y recibe gato por liebre.
Teatro del
Departamento de Arte Dramático de la Facultad
de Filosofía y Letras
Fecunda es la labor que la Universidad realiza en el aspecto teatral,
además de sus locales profesionales, por así decir, como el Teatro de la UNAM (Antes Arcos-Caracol) y de los
estudios que se realizan en el Centro de Estudios
Escénicos, mantiene una labor constante en la Casa del Lago y ha venido
desarrollando un extenso programa de
actividades en el pequeño teatro de la Facultad
de Filosofía y Letras.
Este
programa ha incluido las obras y conferencias que aquí enumero: El
regreso del diablo de Ilse Heckel Novoa, El
niño y el gato(escena de Así que pasen cinco años de Federico García Lorca). Historia del zoológico de Edward Albee; El tiempo
y los Conway de J. B. Priestley.
Conferencia: La psicología y el actor a cargo del doctor Abraham Fortes. Recital de textos dramáticos
y poéticos, por María Douglas (que lamentablemente se verificó un sólo
día), El brillante negro de Ignacio
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