personaje de la profundidad y significación del que interpreta. Todo
grito debe estar justificado, debe nacer en
algún punto antes .de ser lanzado. Desde luego esto es sólo
cuestión de un poco de pulimento, la piedra para ser preciosa necesita antes que pulirse, existir.
Héctor Bonilla es un buen elemento
que sólo precisa terminar de tallarse.
Un
día loco
También en relación
con el tiempo, este monólogo expresa
esa ansia humana por retener los minutos que
nos toca vivir, por exprimir al máximo la dotación de días de que disponemos.
Esto combinado con la necesidad de calor humano, de amor. El día loco se le
escapa a la protagonista lo mismo que esa voz en la que ella presintió la ternura, una
voz inaprehensible como el día al final, un dejo amargo da cabida aun a la
esperanza, dolorosa quizá, pero presente. Ella espera que aquel día vuelva, aun a sabiendas de su imposibilidad. Maruxa al escribir este monólogo habla por la
Humanidad que desespera ante su voz efímera y que en vez de dejarse vencer, lucha hasta el fin por trascender.
De
Alma Martínez, actriz que
tiene a su cargo este monólogo y que en su carrera cuenta tan sólo con tres interpretaciones en su haber (Los duendes, ¿Quién teme a Virgínea Woolf? y Vivir es formidable) puede decirse que aún debe superar algunos aspectos técnicos, como la dicción (especialmente en su forma de
pronunciar las erres) y saber dar justificación
a las transiciones anímicas. No puede pasarse del dolor a la sonrisa o de la euforia
a la duda o la nostalgia sin previa
preparación. Su fuerza emotiva es
potente y no debe malgastarla sino darle
los mejores medios para que ésta se
exprese libremente.
La
última letra
Así corno en una
obra normal de tres actores el tercero
de ellos debe estar situado
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en la cúspide del espectáculo, así el tercer Monólogo La última letra, es aquel en el que Maruxa expresa más intensamente su capacidad creadora. No hay escritor -y podría extender más la afirmación:
no .hay artista-que no se
identifique con ese personaje creado por Maruxa. En esta obra la autora demuestra abierta y sin restricciones
toda esa sensibilidad suya que la lleva de idea
en idea, para después asimilar cada una de ellas y brindar el néctar, fruto de
su propia experiencia. Personaje vivo, su escritor, que pone al espectador frente a frente con la creación estética, expone sus
luchas, confiesa sus transformaciones, libera,
en suma, su energía. El escritor, como un sol en combustión va quemando
su materia para convertirla en calor. Y Maruxa hace vivir esos
momentos inclementes y a la vez
anhelados del hombre frente a la creación literaria (y en general, artística). Expresa en forma dramática la necesidad de llegar a SER, la
angustia ante la indiferencia del mundo, el
ansia de comunicar algo y la desesperación
de no encontrar respuesta.
A la calidad del
texto dramático se añade la del actor que
interpreta al personaje del escritor. Aarón Hernán, cuya carrera siempre
en ascenso es una prueba de fuego para
él en cada nueva presentación, es el
intérprete ideal para este monólogo.
Su forma de ir llevando al espectador
de la mano en cada frase, en cada
idea expresada, es una cualidad que
pocos actores poseen. Hay lógica en su interpretación,
hay dinámica, hay emoción, y lo que es más difícil, hay equilibrio.
En resumen, es un
espectáculo de teatro mexicano de gran calidad artística por todos [sus] conceptos,
tanto por lo que toca a la autora, Maruxa Vilalta, como a la dirección de Xavier Rojas, a la escenografía del
arquitecto Jorge Contreras y a la interpretación
de Aarón Hernán (y en los otros
monólogos, de Héctor Bonilla y Alma Martínez).
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