diorama
teatral
por mara reyes
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¡Ay papá, pobre papá! Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá. Teatro Milán. Autor, Arthur Kopit.
Traducción, J. García Ponce y M. A. Domínguez. Dirección, Juan José Gurrola. Escenografía y Vestuario,
Roger von Gunten.
El teatro
comercial rara vez se lanza a la aventura de escenificar una obra de inquietudes trascendentes, es por ello que además del elogio por sus
logros artísticos, Rita Macedo se gana el que en su calidad de empresaria merece sin restricciones.
El abigarrado
concepto de la vida que el autor nos comunica a través de personajes que podrían parecer
poco comunes y .que, sin embargo, es corriente encontrar vagando por el
mundo, es interesante el punto de obligar a sondear a éstos en forma
detallada.
La relación
que existe entre la madre absorbente, posesiva al extremo de matar al
marido y disecarlo para poder ejercer
sobre él dominio absoluto y de “secuestrar” al hijo en un encierro que viene a
simbolizar su deseo de mantenerlo por siempre dentro de su propio vientre, es
un tipo de relación humana que puede observarse en innumerables familias sólo
que aquí llevada al extremo, a sus últimas consecuencias.
Siendo el
hotel una imagen del vientre materno resulta quizá un tanto inadecuada
la barroca escenografía de Von Gunten -aunque
no por ello queda privada de su valimiento plástico- el ambiente del trópico no tenía por qué invadir el recinto en el cual la madre se aparta del mundo.
Una persona que ha llegado a extremos inauditos en su afán de retraerse, de
aislarse del exterior no puede permitir que el ambiente exterior penetre en el
mundo forjado por ella, mundo de rechazo del
sexo, de crueldad sui géneris para con el hijo a quien priva de todo
derecho en la vida y al cual le fabrica también un mundo que según ella concibe es el más apropiado para él; lo hace
dueño de una colección de estampillas y otra
de monedas y le obliga a creer en ellas como en una religión;
le crea como único hábito el de alimentar a las plantas carnívoras que ella
adora y a su pez piraña que sólo come gatos siameses.
El hijo, sin
embargo, busca una diversión, construye un telescopio para observar el mundo exterior y aunque llega a la
convicción de que afuera no hay nada que valga la pena de mirarse, descubre a una joven que atrae su atención.
Pero el influjo de la madre es más poderoso que su rebeldía y termina por matar a
dicha joven. Su telescopio se acorta, se hace
pequeño e insignificante; su visión se ha
empequeñecido.
La rendija que
le permitía ver al exterior se ha cerrado y él permanecerá para siempre sometido a la
madre, sin voluntad, sin anhelos, pero más a la altura de ella puesto que después
de su crímen, ha demostrado que se queda por decisión propia.
Al final de la obra el hijo
seguramente dejará de ser Jonathan y tomará definitivamente el nombre del padre a
quien viene a substituir en la vida de la madre.
En mi concepto, la obra de Kopit adolece del defecto de dar
excesiva importancia a lo que es sólo un aditamento al carácter esencial
de la madre. Por ejemplo, el autor pierde demasiado tiempo en recalcar la riqueza y la avaricia de la
madre. Cada concepto lo repite tantas veces que llega a lo obvio, esto da por
resultado que cuando se acerca al monólogo de la madre en el que relata al Comodoro
toda su vida -escena que es el eje de
la obra-el espectador está ya cansado,
ha perdido un tanto su capacidad de atención, se ha dejado distraer demasiado por
los pequeños detalles.
Juan José Gurrola en su calidad de director debiera abreviar las escenas superfluas en vez de alargarlas. No obstante su
dirección escénica es viva, imaginativa, busca
que el público además de recibir el
contenido trágico que la obra encierra
perciba aquel mundo grotesco que Kopit presenta y por
el que llama a su obra “farsa trágica”, Gurrola consigue pues llevar al espectador a la
tragedia por el camino de lo jocoso.
Para un director es de suma
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importancia contar con actores
que sepan proyectar el concepto que él se ha formado de los personajes y
en este caso Gurrola fue respaldado por ellos en
todos los aspectos.
La creación que hace Roberto Dumont de su Jonathan
es de valor irrefutable. Los temores, dudas y complejos del personaje quedan al
descubierto. Sus deseos contradictorios de
escapar del encierro y a la vez de permanecer en él y los diferentes y
opuestos significados de un hecho similar:
el de dar muerte, se perciben con claridad.
Por un lado el matar a las plantas
carnívoras y al pez piraña es para Jonathan una emancipación, por otro, el dar muerte a Rosalie es un acatamiento sumiso al destino que le ha forjado su madre. Roberto Dumont supo desentrañar
y exteriorizar por medio de un hecho equivalente dos sentimientos contrarios.
Rita
Macedo se desenvuelve con eficacia dentro de su difícil personaje. Su monólogo es expresivo -aunque Juan José Gurrola debiera limitar en ese momento el juego
escénico de Carlos Jordán que distrae al espectador
cuando toda la atención debe estar concentrada en la madre-, en general
toda la actuación de Rita está llena de
aciertos.
Si acaso en la escena final habría
yo deseado una reacción menos indiferente, que respondiera más al gesto del
hijo. ¿Es que la madre no se da cuenta de su propio triunfo? Pero esto es sólo
una cuestión de apreciación y en todo caso
sería Gurrola quien debiera haber dado un
acento más marcado a la cadencia final de la obra.
Julissa es una actriz en ciernes que realiza un trabajo correcto y digno
de estimulo.
El papel del Comodoro, pensado por Gurrola en forma quizá
demasiado festiva, estuvo encarnado brillantemente, dentro de esa concepción, por Carlos Jordán, quien después de Landrú y de esta obra
parece que ha encontrado su mejor línea.
Excelente
igualmente la intervención de los jóvenes actores Óscar Chávez, Julián Pastor,
J. Félix Guilmain y Luis de Llano Jr.
Legítimo recurso el del traductor
de poner un titulo tan inquietante y atrayente para el público, pero en mi opinión aunque resultara menos chistoso podría la obra haberse llamado
simplemente El closet, con ello no le
habría adelantado al público el hecho de
que la madre tiene guardado en el closet el cadáver de su marido. Por lo demás la traducción está realizada en buen
lenguaje. En resumen se trata de una realización que no debe dejar de verse.
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