Resaltar búsqueda

 

 

Se alza el telón El menú o los esperpentos de Buenaventura

por Malkah Rabell

A Enrique Buenaventura, dramaturgo y director de escena colombiano, le encantan los esperpentos. Ya en otras obras suyas -cuyos títulos no recuerdo- me encontré con las figuras harapientas, sucias y hambrientas de mendigos, descalzados ongente de bajos fondos. La obra: El menú, que se representa actualmente en el Teatro Orientación bajo la dirección de Ignacio Sotelo, con un numeroso reparto debido a los discípulos de la Escuela de Arte Teatral del INBA, tiene como argumento la extravagante comida que se prepara en tm lujoso hotel de Dios sabe qué ciudad para el candidato a gobernante de dicho país. Banquete cuyos mendrugos esperan todos los miserables del lugar. ¡Es todo! ¿Cómo hemos de interpretarlo? ¿Que en nuestra sociedad sobrealimentada por un lado, y hambrienta por el otro, la mayoría vive y espera constantemente los mendrugos que caen, de la mesa de los grandes? No le veo otra explicación a este arrastrarse por el escenario de ciegos, locos, mancos y tuertos, carentes de piernas, o carentes de brazos, como esa muñeca a la que destrozan en una danza colectiva todos los parti- cipantes del espectáculo. Muñeca destrozada pedazo por pedazo: brazos, piernas y hasta cabeza, lo que da lugar a una canción que inicia y termina el espectáculo: "Pobre muñeca", por cierto de una melodía muy "pegajosa", que adhiere fácilmente al oído y que los espectadores tararean a la salida del teatro. En el escenario donde se ofrece El menú, todos los personajes del reparto adolecen de una falla física. Ni un solo de los intérpretes resulta un ser normal. Lo que nos da la impresión de encontrarnos ante una Corte de los Milagros.

La obra no es fácil de entender. Y hasta llegamos a sospechar que no hay nada que entender. Los intérpretes se pasan toda la hora que dura el acto único del espectáculo, gritando a voz en cuello y con muy poca claridad de dicción, lo que hace el texto aún más incomprensible. Si a Enrique Buenaventura lo he

 

admirado por su dirección de Los soldados que puso en una oportunidad cuando visitaba México en una de las salas de la Unidad del Bosque, no puedo decir lo mismo de su dramaturgia, que en primer término es inaccesible para las mayorías, y en segundo término, no ofrece ninguna crítica social o política clara, si es que pretende expresarla. Buenaventura es considerado como revolucionario y sobre todo como comunista. Y desde este punto de vista debía empeñarse en ofrecer al público un pensamiento más transparente, en lugar de jugar a los hermetismos aristocráticos,

En cuanto a los intérpretes, aparte de su constante griterío, repetían los mismos gestos, las mismas muecas, y conservaban igual tono de voz tan monótona, que llegaban a lo

 

 

insoportable, a tal punto que nuestra única aspiración era de que el espectáculo terminara lo más pronto posible, para abandonar la sala corriendo. Así que del numeroso reparto, formado en su mayoría por actores aún desconocidos, ninguno todavía ofrece la esperanza de una futura personalidad artística.

Lo único que se salvaba de la representación era la música original de Óscar Flores Acevedo, muy melodioso y fácil de captar. Pero las numerosas canciones nos llegaban por play-back, lo que resultaba bastante desagradable, aparte que el play-back siempre me ha parecido un "truco" indigno del teatro. No sé si se puede considerar como escenografía el telón de fondo de este El menú pero realmente era het [] Pero era realmente feo.