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De las dos versiones de la pieza cómica que acaba de subir a la escena de la sala Cinco de Diciembre, me quedo con la primera, que es la original española, y creo que lo mismo le pasaría a cualquier espectador con el título de: La casa de Salud, que no es como hace suponer un sanatorio sino el domicilio de una dama de ese patronímico. No había necesidad de adaptarla al ambiente mexicano con el título desorientador de S. O. S., porque su trama, de la que se derivan muchos equívocos es inadaptable, no sólo por su originalidad intrínseca, también por su españolismo; más justamente, por su madrileñismo. |
envejece. Pero a ésta de Dicenta y Paso, hijos, puede considerársele como clásica del género de equívocos y enredos. Estos fluyen espontáneos como el agua de un manantial subterráneo. No hay motivo, no hay razón, no hay lógica para convertir sus personajes en tipos de pachanga, para no usar el galicismo de pochade o ni siquiera el españolísimos de astracán. La pieza de Dicenta y Paso, hijos, divierte a pesar de la adaptación ramplona y de la interpretación bufa que le dan particularmente Yuyú, Emilio Brillas y Ortiz de Pinedo. Es inconcebible en verdad lo que estos actores hacen. Pocos clowns se atreverían a intentar parecidas hazañas. En cuanto a la señora Yuyú, que podría ser una excelente actriz, ha degenerado en una caricatura de otra frustrada actriz con talento como es Chachita. Pero hay público para todo, y mucho más del que uno se imagina para reír. Se ciñen a sus personajes con tal cual resbalón Marina Marín, Alfredo Varela, Armando Pascual, Alfonso Torres y Aurora Castillón.
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