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Recuerdo ahora que me dispongo a conocer la obra en dos actos: Los hombres del cielo, de Ignacio Retes, que en la época en que desempeñó la secretaría de gobernación el licenciado don Ignacio García Téllez, esto ocurría en las postrimerías de la administración cardenista, y yo tenía a mi cargo la estación de radio de la propia secretaría de Estado, el alto funcionario me llamó para aconsejarme que en lugar de las comedias de teatro del aire que transmitía, escribiera una serie con el tema de la insuperable Crónica de la Conquista, de Bernal Díaz del Castillo. Me excusé verticalmente con una sola y clara razón: para convertir en teatro la historia de la Conquista necesitaría ser un gran escritor, y no lo era entonces, no lo fui después. El ministro García Téllez quedó convencido y todo quedó en vago e impracticable proyecto. |
tiempo. Algunos cuadros, como estampas históricas desarticuladas del conjunto, son excelentes. Pero la mayoría es convencional, incluso en el lenguaje que no siempre se ajusta al de la época, ni podría ser, porque el espectador contemporáneo no lo entendería. Ayuda mucho al desarrollo de la acción el disco giratorio y el uso moderado de los trastos que sitúan históricamente las escenas. En términos generales la lección de Los hombres del cielo, que tampoco entendieron a fray Bartolomé, y que en el fondo los indios les importaban un comino, y mucho más sus "chispitas de oro", no creo que interese al público comercial de los teatros del Seguro Social. Lo evidente y palpable es el noble esfuerzo del autor por llevar a la escena mexicana tema histórico tan ambicioso, y lograr una visión de conjunto que nunca es inútil.
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