Las modistas, o los modistos de preferencia, modifican la moda con una simplicidad que asombra a los observadores. Acortan o alargan las mangas de los trajes femeninos, suben diez centímetros la falda arriba de la rodilla -feliz idea- o la bajan ocho. En realidad juegan con las prendas femeninas, que siempre son las mismas... desde los tiempos de Cleopatra Taylor. Lo mismo pasa con las obras de teatro. Los adaptadores reducen a dos, tres actos, hacen una alforza a esta escena, un fruncido a aquella otra, cambian el lugar de la acción y ¡ya está!: obra nueva tenemos...
La actriz francomexicana Nadia de Haro Oliva tiene el secreto de convertir las modas antiguas, es decir, las comedias viejas, en nuevas. Cuenta con un magnífico "cortador": Carlos León. El "cortador" lo es todo en la transformación de las modas. Así, de un antiguo vodevil, que fue representado por la propia Nadia en el teatro Rotonda hace algunos años, Carlos León, subiendo aquí la tela, frunciendo acá, entallando bien, pero cuidando siempre la talla gala de Nadia de Haro Oliva, ha diseñado y resuelto un nuevo vodevil, que pudorosamente |
llama comedia y que como está ahora no lo conoce ni su autor original. La dulce enemiga -la mujer en general- se ha convertido en Tres muertos y una... viva. La pieza de Antoine ni gana ni pierde; la tela, es la misma. Los adornos o aderezos, digamos chistes de León, son nuevos y de actualidad. La "modelo", Nadia de Haro Oliva es la misma. Todos salimos ganando. Nos divertimos con un añejo vodevil y nos hacemos la ilusión de que es otro, porque entre Nadia y León le han subido veinte centímetros a la falda.
La interpretación nos la sabemos de memoria, y el público también. Nadia luce ahora como antes, más actriz, por supuesto. Los Ciangherotti, padre e hijo, rinden una labor de oficio y no menos eficiente es la de Guillermo Orea. Ahora la antigua pieza de Antoine adquiere singular movimiento y más acelerado ritmo porque se hace uso de una plataforma que permite el rápido cambio de escenarios. Todo parece igual, parece que fue ayer. Salvo que entre el público encontramos a algunos caballeros más gruesos y algunas damas con las cabelleras más rubias o más acentuadamente endrinas. Señal de que abajo hay nieve.
|