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Después de largo ayuno de estrenos de carácter comercial -las temporadas escolares y muchas de teatro estudiantil quedan en la otra orilla de estas informaciones- aparece en el antiguo teatro Fábregas -el moderno es el que lleva el nombre del nieto de la abuela- una pieza de Sergio Pugliese, que probablemente se titula en su original El hipocampo, traducida por doña Carmen Toscano con el título atractivamente comercial de La fidelidad es un error. |
Como pieza de teatro, la de Pugliese no vale gran cosa. Se ve venir el final desde lejos. Pero si el autor no trató de construir una farsa, los actores se encargan de convertirla, y a veces hasta circense. Basta con mencionar la intervención del actor cómico Polo Ortín y de la característica Carlota Solares para que el espectador sepa a qué atenerse. Ortín está menos desbordado que en otras ocasiones, no así la señora Solares que toma el teatro en caricatura y se empeña en ser ella una caricatura personal del personaje que interpreta. Es más irremediable. Conocen su estilo los empresarios y los directores, la llaman a actuar y ella... actúa. La pareja Bárbara Gil-Miguel Córcega se desenvuelve con discreción y soltura. Marcela Daviland luce su belleza y Olga Morris, que también es una mujer de teatro atractiva, revela que no obstante el tiempo que lleva de pisar las tablas no logra hablar por derecho. No hay que perder la esperanza. El público super burgués se divierte. El cronista cree que el teatro, cansado de crear, se repite. Recuerda las inefables temporadas de las hermanas Blanch. |