|
Durante la "bella época", que construyó con la guerra de 1914, a nadie se le hubiera ocurrido hablar de psiquiatría en el campo de la producción teatral. Los desequilibrados nerviosos aparecieron por primera vez en 1918 y van en aumento; quién sabe a qué grado llegarán, si las cosas de la guerra y su política continúan complicando la existencia del hombre. Qué mucho tiene que existan autores dramáticos cuyas piezas sean auténticos estudios psiquiátricos. Quien más destaca en este género es el norteamericano sureño Tennessee Williams, quien desde su primera producción mete en sus obras asuntos y personajes que caen dentro del ya basto campo de la psiquiatría. Viajero constante, observador profundo de la vida, en todos los sitios del mundo por los que pasa encuentra asuntos para sus dramas, que precisan de cronistas psiquiátricos más que de comentaristas teatrales. Precisamente en estos días un grupo de hombres de ciencia estudia por separado mediante conferencias varias de las piezas de Tennessee Williams. Estos hombres de ciencia son psiquiatras. ¿Qué puede hacer un simple cronista teatral, que casi arranca de la bella época, con una pieza de Tennessee Williams, que es un auténtico problema de psiquiatría? |
las guerras, que los convierten en sujetos que requieren intervenciones en el campo de la psiquiatría. Dos muchachos que pelearon en China o en Corea tratan de formar sus respectivos hogares. Uno lo logra a medias, desposándose por interés con una mujer de escasos atractivos, por la que no siente ningún deseo; otro, víctima de una temblorina que adquirió en Corea, se desposa con una chica ingenua y la misma noche de bodas la deja abandonada en la casa de un amigo, compañero de guerra, al que me he referido antes. Los dos sufren de desajuste matrimonial. La comedia termina con el ajuste matrimonial de ambas parejas. Pero, cuánta angustia padecemos durante tres actos actores y espectadores.
|