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Rapsodia eslava en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

    El cronista ha dicho, en ocasión de la visita de distintos conjuntos coreográficos, que éstos están alentados por expresiones populares, aldeanas, es decir, del pueblo; folklóricas en fin. Probablemente no hay folklore más rico en Europa que el eslavo. Ya a principios de la era cristiana los eslavos constituían el grupo lingüístico más grande de Europa, y desde entonces el pueblo eslavo inició su prolongada historia de migraciones y miserias. Así nacieron sus bailes y canciones. Los eslavos se derramaron por una vasta región y al fin se asentaron en la península balcánica. En la conferencia de Paz de Versalles, que siguió a la primera guerra mundial, se crearon dos naciones independientes: Checoslovaquia, constituida principalmente por checos y eslovacos, y Yugoslavia, formada principalmente por servocroatas y montenegrinos. Un tercer país eslavo es Ucrania, que pertenece desde 1920, a la URSS. El lenguaje coreográfico de los eslavos es múltiple como el dibujo de un mosaico, y tiene un poco de Croacia, de Macedonia de Servia, de Montenegro y de cien aldehuelas de aquellas regiones, además de Bulgaria, Rumanía, Hungría, Albania, Grecia, Turquía -que durante siglos esclavizó a los eslavos- y del Cáucaso. Esto se advierte, principalmente, en la indumentaria de sus bailarines, porque la coreografía es

elemental, gárrida, salvaje si se admite en toda su pureza el término; dulce también cuando expresa el amor, y sorprende porque es diversa y diferente dentro de una lógica unidad temática que se inspira en la vida al aire libre. La Rapsodia eslava, bajo la dirección de Dragoslav Dzadzevic, reúne en el breve espacio de hora y media expresiones coreográficas que se manifiestan en un babélico lenguaje coreográfico que cautiva al espectador por su mezcla de vigor guerrero y de dulzura aldeana, y arrastra la curiosidad hacia el pueblo eslavo que alcanza cerca de veinticinco millones de población dispersa que de acuerdo con la región en que se asentó baila y canta desde hace siglos.
    Grata impresión para el cronista la Rapsodia eslava "Frula" que le reveló cómo expresan sus inclinaciones guerreras y sus pasiones hombres que durante siglos vagaron por Europa y contribuyeron a formar el imperio ruso e influyeron en las formaciones de naciones como Austria, Alemania, Polonia, Servia, Bulgaria y Montenegro. Eslavos fueron Tolstoi, Turgueniev, Dostoievski, Chopin, Tchaikowski y Rimsky Korsakov, en la música. Esto dará una idea al lector de la madurez y lejanía de las danzas eslavas que han traído a la ciudad de México y varios Estados de la República aires legendarios de los Balkanes.