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Al cronista le gusta el buen teatro. También le gusta ver en la escena a buenos actores, responsables de su oficio, cautivos en la frágil cárcel de tres paredes de un hermoso escenario. El cronista quiere decir escenografía. Esto parece tonto decirlo. Pero el cronista lo dice porque con abrumadora frecuencia se ve en la necesidad de ver mal teatro, actores sin responsabilidad, escenografías para salir del paso. |
actos de Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia, titulada El caso de la mujer asesinadita. La conoció hace tres años y ahora que la ha vuelto a ver la encuentra como a esas mujeres sobre las que parece que no ha pasado la vida; fresca, juvenil y muy fina. La finura en el teatro es algo que no es fácil de definir, sobre todo en el género humorístico. Ser un humorista fino es difícil. Pero más difícil es que los actores, y también los hay muy finos de temperamento, lo comprendan e interpreten. Este es el caso, caso raro, como el de la mujer asesinadita, una de las comedias de más fino humor, hay que repetirlo, del nuevo teatro cómico español. Su humor se mantiene fresco como una flor recién cortada. Y agrada a la sensibilidad del cronista verla representar por actores que gozan haciendo discreto y a la vez gallardo alarde del matiz. El matiz es muy difícil de lograr en el teatro. Enrique Rambal es maestro de administrar el matiz como director y como actor. También posee el secreto del matiz Lucy Gallardo.
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