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El joven y novel autor Enrique Delgado Fresan ha sufrido un serio tropiezo en su primera salida por los campos de Talía, al precipitarse a dar a conocer al público de taquilla una de sus primeras producciones: Gabriela y los cinco, pieza que él mismo define como disparate cómico absurdo, y que dividió en dos actos. Considerando que es un disparate, no por esto evita que se advierta la falta de unidad en la composición dramática, materia universitaria para aprender el difícil arte de hacer comedias, que el joven Delgado Fresan ignora por completo, y debía conocerla porque es el abc del autor teatral. Así se evitaría volver a caer en la confusión de temas, que, al final, no le conduce a ninguna parte, porque él mismo sabe que para justificar el principal que da título a su disparate tuvo que arreglar en el final vísperas del estreno, final incongruente que se perdía en un mar de situaciones disparatadas y de chistes con algún ingenio. Vuelva sobre sus pasos el joven Delgado Fresan, que seguramente encontrará el camino de componer menos disparates y acercarse al teatro de humor, por absurdo que sea en su planeación, desarrollo y solución. |
Con personajes disparatados, simples títeres movidos por el capricho del autor, es bien difícil alcanzar alguna interpretación plausible. El único personaje lógico dentro del disparate que comento es el que encarna, con cinco facetas, el buen actor Guillermo Rivas. Es una isla rodeada de personajes tontos por todas partes. La señora Ema Arvizu habla en caricatura. No aprenderá a hablar por derecho, como se dice en el teatro, porque ella es así. Del resto de los actores, si alguno de ellos posee talento, tiene escasa oportunidad para mostrarlo, y por eso pasamos sobre su actuación como sobre ascuas, pero sin dejar de apuntar que es lamentable la desorbitada participación de las actrices que se encargan de dos criadas esquizofrénicas como no las hay "en cualquier parte del mundo", que es donde el autor sitúa la acción de su disparate teatral. Está bien, y eso va en gustos, que se les seleccione en proporción de su protuberancia posterior. Pero hacer teatro con eso, por disparatado que sea, es otra cosa. El teatro es un juego serio y peligroso. Hay que saber jugarlo.
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