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La inquieta escritora Margarita Urueta ha escrito un mimodrama con el tema de unos pepenadores tan miserables como ignorantes. Nadie podrá negar que los personajes de este mimodrama titulado El ruido, son parientes cercanos de los hijos de Sánchez, autoprotagonistas del discutido relato de Oscar Lewis, y que son elementos que forman parte de lo que los defensores de Lewis aseguran que es investigación para fundamentar una cultura de la pobreza y de la miseria mexicanas. El espectáculo es conmovedor y lamentablemente triste; pobreza e ignorancia hasta la idiotez e instinto desbocado. El argumento no es nada. Cabe en el puño cerrado de un niño recién nacido. Pero el director Alejandro Jodorowsky lo ha miniado como se trabaja un camafeo y ha obtenido con él increíbles matices, contando con el magnífico material humano de María Teresa Rivas, Carlos Ancira y Héctor Suárez, además de Bernardette Landrú -que interpreta una muda que se expresa muy bien- y Enrique Reyes. La caracterización de sus tipos es perfecta y permite a Alejandro jugar su fantasía hasta lograr una exhibición impresionante de una de tantas facetas de la increíble pobreza mexicana. No soy partidario de llevar la miseria de la vida al teatro, pero reconozco que el relampagueante espectáculo Urueta-Alejandro es bueno y de calidad, porque también lo negativo tiene sus valores. |
realidad es un brillante e ingenioso espectáculo de llamado teatro del absurdo, porque todo lo que se dice en él y pasa con velocidad vertiginosa es absurdo. Tengo para mí en la versión escénica que comento mucho tiene que ver la prodigiosa imaginación de Alejandro, que cuida el detalle hasta lo increíble y llega a fatigar la atención con tanta imaginería que de él brota como geiser incontenible. No será difícil que lo largo de este acto de Ionesco se deba a Alejandro. Deslumbra, a veces apasiona y en ocasiones fatiga, pero el resultado es un espectáculo cargado con dinamita de interés.
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