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El género policiaco no tiene principio ni fin y su veta es inagotable, lo mismo si se le toma en serio, que en broma o hasta en el más cómico de sus ángulos. Y como en uno u otro aspecto atrae el público, sus cultivadores son muchos, particularmente en Inglaterra, que tiene la primacía en los casos más difíciles. Durante muchos años no se concebía una pieza policiaca sin policías o detectives que anduvieran tras la pista del asesino. Pero el género evoluciona y ahora los autores escriben sin que aparezca el detective, y se da el caso, como en la pieza Matrimonio o asesinato, de Jean Stuart, que el delito lo cometan en su perjuicio los personajes. Es difícil referirse a una pieza de este género si aludir a su argumento, y no es honesto hacerle conocer al espectador la solución del caso que lo lleva al lunetario. El autor de Matrimonio o asesinato plantea el dilema, y al comentarista no le queda otro recurso honrado que asegurar que la trama está tan bien desarrollada que hasta minutos antes de caer el telón no se sabe si el asunto terminará en matrimonio o asesinato. Con economía de personajes, conduciendo la acción con viveza, el autor cuenta su historia y mantiene vivo el interés del espectador. Hay en esta pieza |
de teatro el logro de la difícil facilidad que no es frecuente hallar en otras del propio género.
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