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El comentarista de espectáculos teatrales no puede navegar contra la corriente. Sería suicida, porque la barquilla de su opinión severa naufragaría. Una considerable porción del público metropolitano acepta el teatro trivial que le ofrecen varios empresarios francamente comerciantes y su preferencia se traduce en beneficios innegables. De tal manera se tiene acostumbrado al público a este tipo de teatro, entre pochade, astracán y farsa, que quizás se sentiría defraudado si sus actores predilectos aparecieran interpretando otro tipo de obras. |
Brillas, Óscar Pulido o la "última novedad procedente de la TV", el inefable Chabelo -Xavier López-, y da ocasión para que estos comediantes "hagan de las suyas", abusando de la "morcilla", entablando verdaderos duelos para merecer la risa del público, que no se les regatea. Los empresarios venden bien su artículo, el público lo adquiere, nadie protesta. ¿Va uno a navegar contra la corriente? Resultaría contraproducente, innútil, y se nos acusaría de provocar la sequía de fuentes de trabajo. Cada quien su vida...
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