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Afortunadamente la ciudad capital cuenta con espectáculos para todos los gustos. En materia de teatro la población metropolitana tiene cuanto pueda desear, desde el de gran calidad artística, al experimental más audaz, al frívolo en todos los aspectos y al comercial con todas sus concesiones. Al público, tanto vale decir, al pueblo, hay que darle lo que pida, lo que puede digerir, o, en último grado, lo que le agrade. |
¡Qué lío! que viene representándose con éxito y con títulos distintos hace por los menos treinta años. El tema es propicio al descenso artístico: una chica que se disfraza de chico por exigencias familiares. Este enredo puesto a disposición de la comicidad de Manuel Medel, Francisco Muller, Emilio Brillas y Javier López, Chabelo, muy popular, al parecer en la TV, y que debuta en el teatro con los mismos trucos que lo ha hecho popular en la pantalla maldita, además de Miguel Manzano -que parece haber renunciado a toda aspiración artística-, y de mujeres guapas como Rosa María Vázquez, Rosa Cué, Griselda Mejía y Carolina Barret, permite la más variada acrobacia escénica, propicia el morcilleo, con el fenómeno de que en ocasiones se divierten más los actores con lo que representan que los espectadores con lo que ven representar. Un filósofo que no viene al caso mencionar dijo que el teatro se integra con dos espectáculos, el de la escena y el del público. Este es el caso de ¡Qué lío!
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