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Cuando menos lo esperábamos ha surgido en la ciudad de México un espectáculo extraordinario. Ni más, ni menos. Un espectáculo poliédrico en el que se revela como un actor de posibilidades ilimitadas el antes bailarín y maquietista Alfonso Arau. El espectáculo se titula, modestamente, Locuras felices, pero podría titularse el escenario del actor Ali Babá y sus cuatrocientos trucos teatrales, acunados en la mímica robustecidos con lo más sano que tiene la vida, el humor, por supuesto el buen humor, del que nace el humorismo y da vida más tarde a la caricatura.
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pies. Podría decirse que en el rostro, limpio como recién salido de la barbería, actúa como actor independiente, tragicocómico a la vez una increíble y fabulosa conjunción de actores, porque cada músculo de su rostro, según la emoción que refleja, actúa en forma independiente y a la vez coordina, como un elemento de expresión aislado. Es increíble, pero cierto. Es como entrar en la oscuridad en una cueva iluminada por los destellos y brillos de cientos, de miles de gemas preciosas. Todo eso se resume en el humorismo actoral de Alfonso Arau, mismo que a veces habla hace música, del que creo, sinceramente, que no tiene par en la escena mundial. Cada una de las doce escenas que cuenta, piedra preciosa aislada, merece engarce propio. En la imposibilidad de hacerlo, quede, por ahora, el hecho insólito que en la escena mundial es ya Alfonso Arau. |