La industria de la transformación continúa vigorizando determinado género teatral metropolitano. Este fenómeno es antiguo, y no fácil. Precisa tener mucha habilidad en la carpintería teatral y mucho sentido de lo que le gusta al público para hacer de tres o cuatro piezas que tuvieron éxito a su debido tiempo una nueva, transformando personajes y escenas, sacados éstos de tal comedia; adaptadas convenientemente aquéllas, ensambladas o zurcidas y bien agitadas antes de usarse o representarse.
Para esta transformación es hábil el autor Manuel Castro Arozamena que firma para no responsabilizarse mucho de lo que hace con el seudónimo de Gary Caffner. Es, también como un barman que crea cocteles. Algunos se hacen famosos, otros resultan explosivos. Pocas veces se conoce por el nombre de su creador.
Tu mujer nos engaña, farsa en tres actos que acaba de subir al escenario de la sala Once de Julio, la hemos visto muchas veces y, sin embargo, como los cocteles nuevos que forman |
también parte de la industria de la transformación. ¿Qué se pretende con esto? Algo sencillo y nada censurable: divertir al público con efectos teatrales... que siempre han gustado.
Lo difícil es dar con intérpretes que hablen por derecho y claro, y sepan pisar las tablas, porque la farsa es género de teatro difícil de representar. Y no hay “pero” que ponerles a actores con mucho oficio y a muchachas hermosas que hablan con propiedad. Marta Elena Cervantes -cara de madona y rica encarnación- dice muy bien su personaje y Susy Velasco luce además como estupenda Sofía Loren criolla. No desmerece en belleza Ava Lender e Ivonne Govea. Y excelentes actores cómicos, entiéndase que en este género, maestros en matizar el chiste grueso, se muestan Chato Padilla y Güero Castro, Pomponio y Tanus y hasta Richard y Lalo Muñoz. Espectacular escenografía de Tanus y dirección circense de Manuel Castro. El público ríe. La risa es saludable.
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