El gesticulador. Teatro Fábregas. Autor, Rodolfo Usigli. Dirección, Wilberto Cantón. Escenografía, David Antón. Reparto: Fernando Mendoza, Virginia
Manzano, Narciso Busquets, Luis Bayardo, Araceli Chavira, Enrique Aguilar, etc.
Cuando comenté con alguien que era increíble que el contenido político de una obra que fue escrita en
1938 continuara vigente y actual, la
persona con quien conversaba me replicó que
eso era prueba más que de una visión
premonitoria del autor, de lo anticuada que era nuestra política... Sea por una
o por otra razón, el hecho es que El gesticulador es un yo
acuso a las supercherías de la
política actual. El retrato es radiográfico, muestra los huesos, los nervios
de un organismo, lo mismo individual que
social, con un realismo apasionado. No puede ser la imparcialidad elemento
deseable para un dramaturgo. Si desea expresar una realidad ésta tiene que
presentarse abastecida con una carga emocional,
con una exaltación que provoque en el espectador rebeldía, repugnancia o
entusiasmo, pero nunca indiferencia. Esto lo
sabe Usigli, de ahí que El gesticulador sea una obra exaltada. Ahora
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diorama teatral
el
gesticulador
por mara reyes |
que para gustar de ella hay que gustar
del realismo. Técnicamente su construcción es impecable, por cuanto sigue al pie de la letra las reglas
de la composición dramática, no en vano es también él autor del Itinerario
de un autor dramático.
Wilberto Cantón al dirigir la obra obtuvo de los actores el máximo rendimiento. Conjuntar a Virginia Manzano, con
su estilo un tanto viciado y Narciso
Busquets, con la frescura del suyo, no era tarea fácil, no obstante
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resultados positivos. Sobresaliente fue también la actuación de Luis Bayardo y Fernando
Mendoza.
Sólo una
divergencia de criterio tengo que oponer a la concepción de Wilberto Cantón. Se trata
del final de la obra, el cual difiere del texto original al de Usigli. Si Cantón quería enfatizar el parlamento,
aquel de que: "Donde quiera encuentras impostores... asesinos disfrazados de héroes... caciques disfrazados
de demócratas..." etc., podía haber recurrido a otro recurso que
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no fuera el cambio de iluminación, ya que éste rompe el estilo de la obra, se opone a
su unidad. Es un recurso inapropiado para una obra realista, desconcierta, con
lo cual en vez de dar mayor significación al
parlamento, se la resta. Dichas palabras pronunciadas en el momento climático de la obra, son por sí mismas elocuentes y acribillantes,
no precisan de una reiteración que por inadecuada
las debilita. Pero si Cantón quería
enfatizarlas de esa manera era licito que lo hiciera, lo que sí resultó
excesivo, fue el haber repetido esas
palabras por el megáfono (en la
escena final) -nunca escribió Usigli tal reproducción-, repetido el efecto de luz y dado otra intención a la actitud del personaje -como lo indica Usigli- para irse
de la casa, se pone a recitar un parlamento que no estaba escrito. Con ello Cantón sólo logra que el mensaje de la obra
sea demasiado obvio, sin tomar en
cuenta que es el espectador quien tiene que llegar por propia conclusión a
la idea que el autor expone. El adelantarse al espectador, el digerirle el alimento va en perjuicio de la obra misma ya que lo que gana en realidad lo pierde en cuanto
manifestación de arte.
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