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Karma por Dolores del Río [Inserción manuscrita en el original. N. del E.]

Armando de Maria y Campos

    Una de las profesiones más antiguas del mundo es la de vidente, clarividente, profeta o adivino, sacerdotisa del Delfos. Cientos y cientos de gentes crecen en ellas; ciento de doctores no pueden creer en ellas. Lo mismo sucede con los herbolarios. Pero ocurre que a veces los profetas, los médiums, los quirománticos, los vaticinadores o los nigromantes, aciertan. Interesante tema para ser llevado al teatro, planteando en ráfaga, problemas de duda.
    El comediógrafo y autor francés André Roussin ha compuesto una apasionante comedia que Salvador Novo tradujo para Lola del Río, con su habitual pulcritud y ligereza escénica y nuestra actriz envía al público de México desde el escenario del teatro de Los Insurgentes, reservándose, para crearlo, el personaje central, Karma, que le permite recitar una aria coreada por personajes episódicos a cual más interesante y útil para el juego de la comedia. La pieza está construida con mucha maña teatral, que lleva al espectador de sorpresa, ejemplo y modelo de suspense teatral. Hay comedias de las que se puede relatar el argumento; de otras lo mejor es no meneallo; porque se le escamotea al espectador la emoción de lo inesperado. Karma tiene la facultad de oir, de escuchar la música misteriosa de la actualidad o del porvenir de sus pacientes. A veces se equivoca; y esto la

descontrola, haciéndola perder fe en sí misma. La última le es fatal, y decide retirarse como sacerdotisa de Delfos.
    Nuestra ilustre Lola del Río vive el personaje de Karma con extraordinario oficio y riquezas de matices, logrando sembrar la duda en el espectador. Su escena final con otra adivinadora muy pintoresca -Magda Donato-, es sencillamente soberbia. El espectador que únicamente le viera esta, le bastaría para quedar satisfecho.
    Cada actor o actriz tiene oportunidad de destacar y fijar la atención del público en su personaje, casi todos en una escena con Karma. El primer término, Magda Donato, y en orden de aparición en escena, para ser justos; Jacqueline Andere, Alicia Quintos, Blanca Sánchez, Celia Manzano, Lupe Llama, Tamara Garina, Fernando Luján, Tony Carbajal, y Alonso Castaño, que no pronuncia una palabra, ni falta que le hace.
    La escenografía de David Antón en los dos actos, magníficamente ambientada. En el primer acto se exhibe un tapiz que vale sus buenos cincuenta mil pesos.
    La dirección de Lew Riley se limitó a obedecer al texto y hacer lucir, de acuerdo con la categoría de sus personajes, a los actores, moviendolos con sencillez cada vez más convincente.