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Tres monólogos de Maruxa Vilalta en el teatro Orientación de Chapultepec

Armando de Maria y Campos

    El teatro nació con el monólogo. ¿Morirá el teatro con el monólogo? La desaparición por la eliminación y principia el monólogo elimina del negocio teatral a actores, escenógrafos, y en donde las leyes sindicales lo permiten también a utileros, para dejar sólo con su letra y su alma al actor. La letra es, por supuesto, la del monólogo memorizado. Sentirá que se le sale el alma en la angustia de estar tan sólo, pero así son los monólogos, y algún riesgo hay que correr.
    Como parte de una pieza de teatro el monólogo desapareció por artificial hace muchso años. Es difícil que el espectador se atreva a considerar como ente normal a quien sale a contar su vida a un grupo de personas reunidas por amor al teatro. De vez en vez aparece con singular originalidad que lo justifica, o transformado de un cuento.
 Recientemente representaron cuentos de Kafka y Gogol, monologándolos, dos notados actores mexicanos.
    Ahora se nos invita a presenciar la representación de tres narraciones unipersonales convertidas en monólogos, producción de una inquieta escritora mexicana: Maruxa Vialta. Una narración escrita puede convertirse en monólogo teatral, pero no siempre un monólogo es el equivalente de una representación teatral.
    El espectáculo se abre con un Soliloquio del tiempo amenizado con intervenciones de jazz y, para darle movimiento a la acción, el actor lo dice durante una especie de práctica de gimnasia en barras. Tema cósmico, poco teatral, queda propiamente fuera de la escena, merece un cronista de acrobacia.
    Lo mejor es no perder el tiempo hablando del tiempo. Continúa el espectáulo con el monólogo Un día loco, dicho y actuado con vivacidad por una adolescente... poco ambiciosa de vivir. En

 

realidad Un día loco, privilegio que parece exclusivo de las mujeres que han cumplido por lo menos veinte años, es una narración simple. La autora revela ser excelente narracionista, de caudalosa imaginación propicia al alumbramiento de ideas de todos los calibres literarios. Se cierra el espectáculo con el mónologo, este sí monólogo, de un escritor frustado que imagina haber alcanzado el éxito y resulta ser un pobre diablo aficionado a perder el tiempo, como días locos, llenando de letras las cuartillas que ningún editor le publicará.
    Esta interesante experiencia de formar un espectáculo con soliloquios, relatos y de más parientes, congregó en el teatro Orientación a un público selecto que aplaudió a la autora, como  la aplaudimos desde esta columna por su inquietud teatral y sus progresos como escritora.
Los intérpretes realizaron francos esfuerzos para cumplir con su misión de mantener despierta la curiosidad del público. Agil como acróbata y con soltura de actor con oficio, Héctor Bonilla no pierde el tiempo al crear el personaje Tiempo. La señorita Alma Martínez está deliciosa en la adolescente impaciente; actúa con tirmo tetral, matiza conm sensibilidad y picardía y en justicia debe decirse que continúa siendo la revelación de actriz joven del año proximo pasado. Aarón Hernández rinde un trabajo muy estimable en una larga exposición de ilusiones y resentimiento de un escritor fracasado, y aprovecha las ocasiones que ler da su personaje para mostrarse excelente actor. La dirección de Xavier Rojas es muy novedosa en Tiempo; cuida el matíz y el movimiento en Un día loco, y exprime el zumo a las situaciones dramáticas del escritor frustrado en La última letra.
    Este espectáculo se presenta bajo los auspicios de la Unidad Artística y Cultural del Bosque y el Instituto Nacional de Bellas Artes.