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Benditas sean las empresas teatrales honradas, las que no engañan al público, las compañías cumplidoras, las que venden lo que anuncian. Una de éstas es la que regentea ahora el teatro Jorge Negrete de la Asociación Nacional de Actores. Han formado empresa varios actores de carácter cómico que eligen las obras que les vienen a la medida o que se prestan al arreglo, según sus respectivas tallas y casi siempre aciertan porque su único y sano propósito es el de trabajar haciendo reír. |
¿Cómo puede juzgarse con seriedad un par de actos a los que sus adaptadores definen como "regaderazgo cómico", porque ni siquiera merecen ser considerados como farsa? Vuelvo al tema de la honradez empresarial. Emilio Brillas, Óscar Pulido, Lupe Rivas Cacho, Luis Gimeno salen a hace reír y lo logran, no importa que echen mano de los más absurdos recursos. Les acompañan varias muchachas guapas, aspirantes a actrices: Gina Romand, Rosa María Vázquez y Consuelo Casanova. Las tres lucén generosamente sus encantos, y salen del paso. Interviene como comodín el ya maduro galán Rubén Rojo, y está discreto.
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