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Creación mexicana de La tempestad, de Shakespeare. II

Armando de Maria y Campos

     El público de México se interesó vivamente por la versión escénica mexicana de La tempestad, de William Shakespeare. Ya me referí en comentario anterior al lugar que ocupa en la producción del Cisne de Avon, esta obra.
    Son innumerables las traducciones de esta pieza de Shakespeare. La de Guillermo Macpherson conserva la escencia del poético lenguaje. La presentación en México es magnífica. Hace honor a la frase de don Gonzalo: "No sabemos si lo que contemplamos es o no real”. Julio Prieto sabe crear mundos, mitad sueño, mitad realidad.
    Tal vez pudiera reprocharse cierto aire de acrobacia y malabarismo para realizar los cambios de escenarios a la vista del público. En resumen es una orgía de colores, y no lo es menos la del vestuario.

 

    La dirección de José Solé es hábil, fina, también un poco acrobática, pero del mejor gusto. No nos satisfizo José Galvez como Próspero. Lo sentimos ampuloso, artificial. Magnífico en todos sentidos el Calibán de Miguel Córcega, gran actor. Delicioso sobre toda ponderación el Ariel de Mónica Serna, acttriz completa que actúa, canta y baila radiante juventud. digno de un lugar aparte el Esteban de Guillermo Orea. Cumplieron, dentro de sus respectivas categorías algunas muy altas, José Baviera y Antonio Carbajal, Carlos Riquelme, Antonio Bravo y Rolando de Castro. Exquisitas, muy sentida y matizada la Miranda de Patricia Morán. Excelente fondo musical de Rosario Sanz. Una representación de Shakespeare, presentada por el IMSS que puede hombrearse con las mejores que este año se están verificando en Europa.