Resaltar búsqueda

¡Qué hombre tan simpático!, con Ortiz de Pinedo, en el Iris

Armando de Maria y Campos

    Para las nuevas generaciones el nombre de Carlos Arniches quizá no diga nada. Sin embargo, hay un momento del teatro cómico español que representa sólo él, por su raíz popular, por su diálogo bien tramado, por sus recursos técnicos. El llamado género chico le es deudor en no escasa medida. Obras como El Pobre Valbuena, El santo de la Isidra. El puñado de rosas, Es mi hombre, son proverbiales muy representativas del escritor alicantino. Y es preciso advertir que ese género chico demanda ya un estudio serio y cabal, que lo reivindique y revalorice en la medida en que es forma dramática necesaria para completar el costumbrismo español.
    Se le podría formular un reproche: el haber dado origen al "astracán", como ya se ha dicho, es género híbrido porque constituye la mezcla del sainete, de la comedia, de la farsa, y aún del género chico. Hay astracanes que son zarzuelas sin música. Recuérdese Los extremeños se tocan de Muñoz Seca.
    Pues bien, esta comedia ¡Que hombre tan simpático! de Carlos Arniches, Antonio Paso y Antonio Estremera, que Manolo Fábregas eligió para inagurar su temporada de comedias cómicas en el teatro Iris, es ya característica de este paso o transición entre género chico o astracán. Tiene elementos zarzueleros, evidentemente, figuras que son típicas de la zarzuela chica, entre ellas las de los tres médicos del pueblo, y la del propio feito, y ese lenguaje plástico y sabio, refranero o sentencioso, del pueblo. Por otra parte en el centro de la obra,

como eje dramático un pequeño conflicto entre moral y sentimental, en el que juegan el fresco cinismo de un botarate, de un pícaro que vive trampeando, la pareja de enamorados que lo aprovechan para su fraude al tío rico, las coquetas del pueblo que se privan por aquel pícaro tan simpático, y la solterona que acaba por ganar al siverguenza. Otros títulos de Arniches denuncian la misma línea cómica en torno a un pícaro: El fresco de Goya, El Pollo Tejada, El terrible Pérez.
    En la presente versión de Óscar Ortíz de Pinedo, que al mismo tiempo es su intérprete en el papel de Amable Corcuera del que logró una auténtica creación Fernando soler hace treinta años. ¡Qué hombre tan simpático! ha perdido bastantes elementos de farsa grotesca que originalmente tiene, para acercarse aún más al astracán. Por otra parte, acomodada al medio de México resulta ineficaz, arbitraria, artificial porque una de las característicasde Arniches era su profundo localismo típico. En México no se explica nadie lo del "sereno", lo del romántico domador de perros, y otras cosas de aquel pueblo en que ocurren el segundo y el tercer acto. El público, esto sí, ríe de buena gana.
    Ortíz de Pinedo, por supuestamente, aviva en esta ocasión su personal simparía y su vis cómica: su personaje se presta a todas las libertades posibles, que el aprovecha para divertimiento del espectador. A su lado parece progresar Francisco Muller, aliviado ya de aquel sonsonete que desmerecía su dicción. Del resto del conjunto destaca Gloria Santacruz, por su hermosura de hembra.