Nacido en Zurich, Suiza, el año de 1911, Max Frisch, arquitecto de profesión, se inició en las letras en 1940, y como autor teatral en 1944. Pero su fama universal arranca del estreno de Andorra, estrujante drama de denuncia y de acusación, tratado con claridad teatral impresionante y conmovedora. Los diarios y anuncios del estreno simultáneo en cinco lugares de Europa, divulgaron la pretensión del autor: "Los espectadores, luego de ver su obra, debían pasar una noche de insomnio", por la sensación de culpabilidad que la historia que Frisch relataba debía quedar en todos los espectadores. Andorra no se refiere al Estado de ese nombre. Andorra es el nombre de un modelo. Andorra es cualquier pueblo de Europa, escenario de la persecución inhumana de un judío, de cien judíos, de millones de judíos.
La extraordinaria pieza de Frisch, cuya acción se corta en 11 cuadros de dramatismo estremecedor, requiere escenografía desnuda, blanca o gris, indiferente, bajo un cielo azul oscuro que anuncia la tormenta. Los personajes de este poblacho europeo se hacen simpáticos al espectador; poco a poco se vuelven odiosos, dramáticos, trágicos. Y la tragedia propiamente, estalla como una granada de inhumanidad, de egoísmo, de injusticia. ¡Hay que eliminar al judío, porque es judío! Y el crimen se consuma lentamente, preparado por todos, aparentemente inocentes, todos culpables. Tengo para mí que |
es el antecedente lógico de El vicario, de Rudolph Hochhuth. Andorra es pieza importante en el teatro universal, por su composición dramática y por la denuncia que hace del enorme crimen del que son culpables todos los que pudieron intervenir para evitarlo. Nada sugiere a la SS alemana, pero la tragedia corre negra, turbulenta, impetuosa a lo largo de una representación de angustia que alcanza también a pueblos que vivieron lejos de la culpabilidad colectiva.
Un director de origen alemán, Fernando Wagner, la ha dirigido, movido, animado, con fuerza expresionista que mete el corazón en un puño. Labor de gran director. Usó material humano de extraordinario valor. Los protagonistas Andri (Javier Marc) y Barblin (Rosa María Caloca), se revelan actores con profundidad y estructura sólida. Rosa María posee la belleza de la juventud y la hermosura del talento. Marc, también talentoso, como actor, lo será eminente y ya lo es notable. Fernando de Bernal crea con auténtica angustia su personaje de maestro de escuela, y en proporción a la categoría e importancia de los personajes, proyectan con humanidad los suyos José María Bastús, Regina Cordó, José Luis Moreno, Eduardo Borja, Rubén Calderón y Bernadette Landa. La escenografía de Rodolfo Montalvo Lezama interpreta la idea del autor. El público aplaudió largamente a director e intérpretes, y no pocos espectadores habrán sido víctimas de una noche de insomnio.
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