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Tienen de común las crónicas sobre ballets folklóricos o clásicos que lo mismo pueden servir para uno que para otro o para todos. Revísense las referencias periodísticas con que se cree enriquecer cada programa de ballet, compárense las de uno con las de otros y verá que todas se parecen como una gota de agua a muchas. Y es porque los cronistas de ballet carecen generalmente de sensibilidad para diferenciarla. |
costa del Adriático, como Dubrovnik, y con ella la gallardía juvenil del pueblo dálmata. Y las danzas broncas de los alrededores de Subotiza, al norte de Servia, cuya característica son unos pequeños discos de metal en las botas de los danzantes. La variedad topográfica de Servia, origina danzas diversas, y los yugoslavos nos muestran el impulso vital de los pastores de la Servia oriental, de sus montañas de Homolje, de sus cantos de Shumadia. Servia es, todavía un mucho oriental. La influencia turca no se ha borrado aún. Los servios y las servias bailan al ritmo púrpura de su sangre oriental. Luego, las alegres canciones de valle de Sava, o una típica fiesta de desposorios en el pueblo de Skiperates, del valle de Rugovo. Y de pronto se vuelca en el escenario medio Oriente en las danzas y en los cantos de la dulce y bravía Macedonia, o la fina dulzura del carácter alegre de los habitantes de las ricas planicies de Banat, al noroeste de Belgrado. Todo esto se ve, se siente, se comprende y, en fin, emociona. ¿Que los bailarines yugoslavos son ágiles y dominan el oficio de danzar? ¡Claro! ¿Qué le imprimen a sus canciones folklóricas el aire de las remotas regiones en que nacieron? íEs natural! Todo esto no se puede decir con las palabras comunes de una información periodística. A lo más que se puede aspirar es a trasladar al papel una emoción, como se transmite el calor del corazón en un apretón de manos. ¡Bienvenida y adiós al ballet Krsmanovich, de Yugoslavia!
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