Benemérita labor de exploración y aventura es la que viene realizando el Patronato de los Teatros del IMSS. En el teatro es indispensable la exploración y no se puede excusar la aventura, porque él es, por su propia naturaleza, una aventura. El Patronato del Teatro del IMSS no transita por caminos trillados, explora con éxito. Exhuma y crea. Ahora el ha dado nueva vida a uno de los dramas más apasionantes del gran poeta y notabilísimo dramaturgo francés Víctor Hugo: María Tudor, muy novelado para su tiempo y ahora un novelón teatral para el nuestro, pilar del romanticismo teatral de Francia, con Hernani y Cromwell, también dramas hugonianos.
Verdad y ficción, pero teatro siempre, María Tudor es una pieza característica de la época en que fue escrita (1831) y representada en París (1833). Con imaginación extraordinaria y genio creador Víctor Hugo compuso una historia de intriga y misterio, de amor prohibido y verdadero, de traiciones y muertes, graduando los efectos teatrales para que el espectador vaya, de sorpresa en sorpresa, conociendo la tormentosa vida de María Tudor, hija de Enrique VIII, reina de Inglaterra. Si es verdad que en su tiempo este drama fue característicamente romántico ahora resulta la cuna del suspense y fuente del caudaloso manantial en que se nutren todas las novelas de misterio o de intriga y se forma un chubasco insufrible de las telenovelas. Pero montado con la extraordinaria propiedad escénica, con la jerarquía artística y el buen
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gusto de Julio Prieto y José Solé se convierte en espectáculo que interesa y apasiona de principio a fin. (La actriz española María Cásares representó a María Tudor en reciente reposición de este drama en Francia. Me atrevo a creer que la postura escénica francesa no supera a la nuestra, mexicana).
Un gris londinense de nieblas y lluvia envuelve toda la acción, cubre la escenografía y se impone en el tono sombrío de los trajes. Se advierte la ausencia total de colores fuertes, salvo la nota amarilla en el traje del judío italiano. Así se creó un clima inglés, sombrío, muy de la época, insuperable. La propiedad en el vestuario y su riqueza son impresionantes. La dirección escénica de José Solé es sencilla y complicada a la vez, como corresponde a un melodrama en el que cruzan y chocan las pasiones más violentas.
Un elenco de excepcional categoría cubre los personajes importantes: Ofelia Guilmain, Virginia Gutiérrez, José Baviera, Alberto Galán, Raúl Ramírez, Rubén Rojo; además, Raúl Valerio, Antonio Bravo, Luciano de la Vega y Victorio Blanco. Cada uno cumple dentro de su categoría. Ofelia está soberbia, e insuperable Virginia Gutiérrez en la huérfana Juana, que vive con impresionante riqueza de matices. Los caballeros actores, cada uno dentro de su reconocida categoría, le dan tono y jerarquía a esta representación para la que es justo darle de nuevo, profundo contenido al elogio. Debe ser vista por todo aquel que guste y ame el buen teatro.
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