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Un domingo en Nueva York, de Norman Krasna, Antonio Haro Oliva

y Carlos León, en el teatro Arlequín

Armando de Maria y Campos

    Lo que lo ocurre a una muchacha cualquiera de Boston, ya entrada en años, "un domingo en Nueva York", no es motivo para congregar en una sala de espectáculos a un grupo de espectadores de buena fe, no importa que esto suceda más arriba del río Bravo o más abajo del Chamizal. ¿Qué le ocurre a esta muchacha de Boston un domingo en Nueva York? Llega por la mañana a la gran urbe, huyendo de su provincia bostoniana y de la necesidad de continuar siendo virgen. En Nueva York podrá vivir con mayor libertad y aprovechar oportunidades. Esta se le presenta en forma de un galán ocasional que conoce en un autobús, con el que coincide en un cine y va después a un restaurante. Antes de que concluya el día, ya le entregó su virginidad conservada a lo largo de más de treinta años...
    Todo esto explicado, enredado en infinidad de incidentes pequeños, que sobran. No sé cómo será en su forma original la comedia de Norman Krasna, pero traducida y adaptada por Antonio de Haro Oliva y Carlos León, resulta una nadería, que a veces se hace insoportable, entre otros motivos, por los chistes tan característicos -cerebrales, retorcidos- de

Carlos León. Hay espectadores que prefieren a Anaya, y los hay que añoran los repentismos de Ortiz de Pinedo, de Brillas o de Polito Ortín...
    La última comedia del Arlequín está cortada y cosida a la medida de Nadia de Haro Oliva. La protagonista es ella, y nada más que ella. Ahora la acompañan el veterano Ciangherotti. íQué verdad es que en el teatro no hay nada más viejo que un galán joven! Porque Ciangherotti galanea un personaje que podría interpretarlo con soltura el menor de sus hijos. Nos dirán que en el teatro todo es ficción. De acuerdo, caray, ípero no tanto! Intervienen otros personajes de escasa importancia, y como la acción de la comedia requiere diversos cambios de utilería, éstos están a cargo de dos chicas que aparecen disfrazadas de conejitos de cabaret norteamericano, y mientras arreglan muebles y sacan y meten trastos bailan una danza extraña.
    ¡Cuántos pequeños sucesos le pueden ocurrir a una muchacha solterona "un domingo en Nueva York"! Pero, ¿puede interesar todo esto al espectador mexicano no obstante, o a pesar de los chistes de don Carlos León?
    Nadia Haro Oliva exhibió, como de costumbre, varios "modelos" exclusivos.