|
No todo el teatro de Serafín y Joaquín Alvarez Quintero -el teatro quinteriano que nutrió los escenarios de España e Hispanoamérica durante cinco décadas- morirá del todo. Hay algunas piezas excelentes por su factura y por su intención. Será siempre teatro costumbrista, pero existe la posibilidad de renovarlo a base de adaptarlo y modernizarlo un poco. No mucho, porque no en balde se le llamó el teatro de la bondad, del romanticismo cursilón, o del caramelo fácil de deglutir. Principaron a producir los Quintero a principios de siglo y ocho o diez años después eran ya popularísimos en España y en América. De 1907 ú 8, data la comedia, deliciosa Las de Caín, cuya trama es sencillísima y de todos los tiempos: un padre, modesto profesor de provincia, se exprime el seso para casar a ocho o diez hijas honestitas, cursilitas, modositas. ¡Y las casa una tras otra! y, además, las casa bien. Eso es todo. Pero la historia está contada con tanta gracia y es tan fresca y armoniosa, que no obstante que ahora su acción se ha trasladado con mesura y medida a la ciudad de México, |
que se escucha con complacencia, tanto más cuanto que se sitúa en aquellos años en que las muchachas eran tontitas de verdad y los padres, no tanto, pero también.
|