La activa y fecunda periodista doña Maruxa Vilalta viene explorando varios géneros literarios en los que se advierte su ejercicio periodístico. Teatro o novela, periodismo al fin. Su nueva comedia Un país feliz, dividida en dos actos y varios oscuros que la cortan para que el tiempo transcurra sin que sea necesario el uso del telón, que en los teatros del tipo circular no existe, es, también periodismo. Se informa al público y se editorializa un poco. De todo esto resulta una pieza periodística sobre un país de Hispanoamérica, nutrida con datos que el común de la gente ignora. En momentos resulta apasionante.
Anticipemos que no todas las comedias son propias para ser llevadas al teatro en círculo, escenario sin paredes. La de Maruxa Vilalta es pieza que luciría más dentro de las tres paredes tradicionales del teatro común y corriente. La habilidad del director Xavier Rojas salvó obstáculos y resuelve una versión muy humana del conflicto que se desarrolla dentro del hogar de una familia de la clase media en un país americano subdesarrollado e indeterminado, en la que por haber muchos ricos los pobres son más. Esa familia, compuesta por los padres, una hija y un hijo estudiante, se ve en la necesidad de arrendar un cuarto a un huésped que resulta ser un norteamericano. Con él entra lo simbólico en |
la acción, que pretende mostrarnos el relato de un país que aparentemente es feliz, pero que no puede serlo porque vive dentro del puño cerrado de un tirano. El hijo del matrimonio cae preso en una redada de estudiantes, y es sacrificado por el gobierno de déspota. El norteamericano se da cuenta de todo, y después de iniciar un inocente flirteo con la hija del matrimonio, se vuelve a su nación, lamentando lo que ha visto. Los jóvenes que se quedan en el país supuestamente feliz, están resueltos a luchar porque la libertad deje de estar cautiva. Y nada más.
La pieza de la señora Vilalta está explicada con sencillez, claridad y valentía, y su construcción nos parece la normal para comedias de este tipo.
La interpretación, de acuerdo con los elementos conjuntados, responde satisfactoriamente al propósito de la autora. Mitad profesionales, mitad elementos nuevos en la escena, los intérpretes dan de sí lo que la obra les permite, porque a veces los caracteres no están bien definidos. Destaca del conjunto el joven Enrique Rocha, que revela poseer talento y temperamento. Luce muy desenvuelta como actriz Elda Peralta y cumplen, dentro de su parcial categoría artística, Ángel Merino, Gloria García, Jaime Cortés y Farnesio de Bernal. La autora fue llamada por el público a recibir merecidos aplausos.
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