La producción teatral en español está hábilmente parcelada. Sus parcelas son inmuebles de acuerdo con el genio, el ingenio o la necesidad apremiante de producción de los autores. Parcela bien sembrada es la que se conoce por humorada. No sé que exista este género en otros teatros nacionales. Una humorada teatral es sinónimo de desenfado, de huidiza responsabilidad. Algunas piezas que no llegan a la ínfima categoría de juguetes o disparates cómicos sus autores las denominan humoradas, y son resultado de su humor bromista, dirigidas a públicos que estan dispuestos a recibir siempre una broma o a tolerar "golpes" de humor.
Nuestro autor cómico A. Anaya B., es un humorista que produce humoradas. Las más recientes -último estreno del año 1963- se titula El presidente Mañozo, que no es otro que un dictador sudaméricano derrocado que vive en el exilio dándose vida de rey destronado, naturalmente con el dinero que extrajo de las arcas del país que lo repudió. Excelente profesión la de presidente en el exilio, abundante en ejemplos recientes que no citamos por conocidos y de los que se vale el autor para desorientar al espectador. Su presidente Mañozo se parece a cualquiera de los sudamericanos que actualmente disfrutan su áureo exilio. El tema se presta a muchos juegos escénicos y da ocasión a que se sucedan los chistes oportunos, los retruéncanos y a que corra |
el humorismo a todo caño. La originalidad de la anécdota que Anaya narra escénicamente, se apoya en el caso insólito de que el presidente Mañozo no quiere renunciar a su exilio por nada de este mundo, no obstante que cuenta con el apoyo de los rusos y los norteamericanos.
Anaya compuso tres actos endebles, sin ninguna apoyatura teatral. El mejor de los tres es el segundo, que tiene un antecdente en Los cuatro coroneles, de Ustinov; el primero y el tercero sobran, pero ¿cómo justificar, entonces, el segundo? La pieza de Anaya se estrenó vísperas del Día de los Inocentes. Más oportuno hubiéra sido este suceso el 28 de diciembre.
Como presidente Mañozo aparece en escena Carlos Riquelme para exhibir con inaudita desfachatez una ignorancia absoluta a los parlamentos encomendados al pintoresco personaje. Mayor falta de respeto al público no puede darse en un actor que goza de los favores de éste. Un largo reparto permite que aparezcan numerosos personajes episódicos, mitad cartón, mitad vida. Se toleran por el empeño en agradar al público, León Barroso, Mario Alberto Rodríguez, Sergio Klainer, Francisco Pharrez y Ricardo Pardavé. Se revela prometedora y derrama simpatía Mónica Serna. Laila Buentello se empeña en que la vean y para lograrlo aparece en varias escenas punto menos que desnuda. Lucen más las actrices que visten: María del Carmen Vela y Pilar Viudez. La dirección de Julián Duprez sigue fielmente el humor sano del chistómano Anaya.
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