La función inaugural de cualquier temporada de teatro de Manolo Fábregas constituye para el cronista un amable problema, porque se encuentra con dos espectáculos, uno en la sala, otro en la escena. El de la sala se repite con frecuencia, el del escenario es distinto cada vez. En la sala, una antología de nombres sociales, lujo en los vestidos y, por supuesto, variedad de bellezas con nombre. No es posible prescindir de este espectáculo, fiesta para los ojos y causa de mil saludos.
El otro, el de la escena, es siempre digno. Manolo Fábregas ha sabido imprimirle a sus espectáculos un sello de calidad, buen gusto y responsabilidad que no es frecuente en otras empresas teatrales. Cuando no actúa dirige, cuando no dirige y actúa, produce. Siempre es una garantía. Ahora presenta a la hermosa Kitty de Hoyos en su madurez física y en el instante preciso en que le preocupa más su carrera profesional que su belleza, siempre turbadora. Mujeres bellas abundan. Actrices buenas, escasean. Ahora Kitty principia a ser una excelente actriz, porque se preocupa más de lo |
que lleva dentro que de lo que es fácil advertir que lleva afuera. Actúa como actriz frívola, en en tipo de norteamericana tonta, que ella crea con inteligencia, lo que ya es paradójico. Luce como siempre, pero revela que lleva dentro un considerable tesoro emocional.
Manolo Fábregas compone un tipo de inglés en el nudo preciso de varios conflictos de hogar; su arrolladora simpatía se impone y hace lo que quiere en escena y lo hace muy bien. La pieza del autor inglés Roger MacDougall es un largo diálogo entre Toni Rigi (Manolo Fábregas) y Mirtha (Kitty de Hoyos), sólo interrumpido por las exclamaciones de impaciencia y de dolor por una mujer a punto de traer a un ser al mundo, acto que se atrasa, porque al fin llega en el tiempo justo, gracias a la diferencia de horas entre Nueva York y Londres. Simple juguete cómico que divierte al público y lo entretiene.
El escenógrafo David Antón creó el clima propicio para la acción de esta pieza haciendo construir un amplio y amable departamento que cubre totalmente el amplio escenario del Teatro Insurgentes, con su maestría característica.
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