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Lope de Vega, como todos los creadores del teatro universal, acudía a las fuentes de inspiración que son las crónicas antiguas, las tradiciones, las leyendas. En Fuenteovejuna, Lope lleva a la escena un acontecimiento del siglo XV recogido en la "Crónica de las tres órdenes y caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara", publicada en 1527. Un pueblo eterno se levanta para vengar el despotismo y la inhumanidad del señor y guerreo que dispone a su antojo, de vidas, haciendas y honor de sus villanos. Fuenteovejuna fue, y es, considerado como un drama de espíritu democrático. En principio lo es. El pueblo entero se une para castigar con la muerte al señor feudal, cacique lo llamanos ahora, que no cree en la dignidad de los humildes, plebeyos del alcalde abajo. ¿Quién mató al comendador?, pregunta el rey de León, Castilla y Aragón. Y el pueblo entero a una le responde: -Fuenteovejuna, señor. Hasta aquí la tesis democrática. Pero el hecho de llegar el pueblo al rey en forma anónima, esperar de él justicia y que éste se la otorgue devolviéndoles honor y privilegios, le da al final de la pieza de Lope un carácter verticalmente monárquico, que se reduce a reconocer como autoridad máxima en la tierra, la del rey por gracia de Dios y su representante para hacer justicia a sus súbditos. Sin la justicia del rey, por todos anhelada, |
Fuenteovejuna hubiera sido arrasado y muertos todos sus habitantes.
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