El talentoso y fecundo actor Wilberto Cantón persigue el éxito comercial con impaciencia de mejor causa. Parece que siente la necesidad de una consagración como autor de taquilla. Yo estimo que su impaciencia esta justificada, en parte. Louis Jouvet decía que el buen teatro es el que le gusta al público, es decir, el que paga por ver. Pero alguien, no importa quién, dijo que sólo el tiempo respeta lo que se hace con tiempo. Cantón tiene prisa...
Con diversos ingredientes de seguro impactó, como son una nota roja periodística sobre una muchacha seducida por un vibrón y la coincidencia de que éste es hijo del gobernador de un estado en un país que está en vísperas de elecciones presidenciales y en el que solamente triunfa el partido oficial, Cantón compuso, y lo compuso muy bien, un melodrama con air político, que aveces alcanza las proposiciones de ventarrón. El pretexto lo da el escándalo de informaciones periodísticas que tiene el doble carácter de morbosas y de campaña política. Con tan fecundo tema, Cantón recurre lo mismo a los lugares comunes del caso, que hace filosofía política y social. Indiferente a todo esto, |
arrinconada en un ángulo de la escena y de argumento, queda en segundo término y sufre en silencio, la protagonista ultrajada; al final - ¡qué remedio le queda! - se corta la yugular...
La pieza de Cantón esta construida en dos actos y éstos divididos en varios cuadros, a los que liga un narrador de sucesos que pasan fuera de la escena. La acción ocurre en un país de la américa látina. Faltariamos a la verdad si no declaráramos que el público sigue con interés la patética y convencional trama de esta Nota roja con que Cantón enriquece su poliédrica producción teatral.
Lleva la responsabilidad de la interpretación de este melodrama politicosocial un magnífico reparto encabezado por Carlos López Moctezuma en el que figuran galanes de tan reconocida calidad como Héctor Andremar, Antonio de Hud y Enrique Aguilar. Los cuatro están muy bien dentro de sus personajes. Debutó la hermosa señorita Mariela Flores. Se presenta como una modesta realidad que ojalá fecunde en una actriz de categoria. La escenografía de David Antón, muy elemental y práctica. La dirección de Fernando Wagner, ceñida al texto, discreta. El autor salió a saludar.
|