Descubrieron la fórmula y la siguen aplicando con éxito: autor francés más Carlos León más Antonio Haro Oliva igual a pieza de teatro a la medida de Nadia Haro Oliva. Cerca de un lustro llevan los productores teatrales del Arlequín de aplicar esta fórmula al público que preserva su taquilla del fracaso económico. Como todas las fórmulas, ésta no es propicia a las flexibilidades. Se repiten los temas, se reproducen los personajes, no se puede abandonar París, porque sólo en París ocurren ciertas aventuras. Una vez más no fallará la fórmula descubierta por el matrimonio Haro Oliva.
Autor francés: Louis Verneuil, de largo éxito en los teatros frívolos de París ¿Obra? No importa la fecha de su estreno en Francia. Quienes la arreglan para México son habilísimos cortadores y costureros de escenas. De un modelo antiguo hacen para Nadia uno a la medida de sus condiciones actuales. Cortan aquí, agregan allá y a manera de pinzas colocan en todas las situaciones, escenas, o diálogos, chistes contemporáneos, algunos tan necesariamente innecesarios que sirven para dar tiempo a la actriz al cambio de atuendo o de calzado. Esta vez fue la comedia frivola Butaca 47 que nació para el teatro el año 28. La remozaron de tal manera Carlos León y Antonio Haro Oliva que si no pasa por una de las más recientes de Francia tampoco aparece como un vejestorio.
Cada vez será menos fácil hacer para Nadia una comedia a su medida. En esta acepta ya convertirse en madre jóven. Se puede estar en la
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plenitud de la vida y tener una hija de 18 años. Lo que no se puede meter en el paladar de un público selecto, ni con el calzador de dos buenos adaptadores, es que la madre case a su hija con un joven que va por ella, es decir, con un enamorado con complejos griegos. Pero ya en este plan de concesiones o una vida frívola y amoral no extraña nada de lo muy extraño que ocurre en escena. Extraño desde el punto estrictamente legítimo del buen gusto. Ese frívolo trafique de adulterios, de aventuras de alcoba y de anticuadas cenas en "reservados" va más allá del respeto y el buen gusto al público, aunque este sea muy de la sala de Villalongín. Con un poco de finura y sensibilidad realmente artística ganarían mucho los espectáculos del Arlequín que tienen a Nadia por capitana.
Es inútil repetir que Nadia, muy en Nadia, esta como Nadia en otras muchas obras parecidas a Butaca 47.
Alejandro Ciangherotti se muestra el actor eminente de siempre, aun con estos personajes. Miguel Manzano, desciende de su alto sitial, tan difícilmente conquistado. Fernando Luján esta en gran galán; de casta le viene al galgo... la joven Marina Isolda se exhibe como bello prospecto de futura actriz. Elvira Lodi, Olvia Fonseca y Mario Venga se limitan a ser meros hilos que zurcen las escenas principales; cumplen como hilos. Ya resulta lugar común para el cronista asentar que la dirección de Julián Duprez es correcta y que la escenografía de López Mancera es funcional. De lugares comunes está lleno el teatro.
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