Rafael Solana ha encontrado, al fin, su camino de comediógrafo testigo de su tiempo. Sí es difícil acertar con el título de una pieza, y el ejemplo está presente en a la que refiero, que tuvo tres: Ensalada de Noche Buena, Noche de paz y Navidad amarilla, y al fin fue bautizada con el de Una vez al año, qué no será cuando se trata de elegir un tema como tantos que ofrece la vida presente, y de él extraer sus mejores tipos y llevarlos a un escenario sujetándose estrictamente a los preceptos aristotélicos.
Solana acertó con uno de los temas universales que, sin embargo, pueden reducir su universalidad a una localidad determinada. Autor mexicano hasta la medula, Solana tomó la vida de varios personajes que se dan en cualquier parte a un departamento elegante de la ciudad de México y, sim[frase incompleta en el original N. del E.] pasado, de su presente, de su indeciso futuro.
¿Es realidad o ficción la ensalada de divorcios, de matrimonios aparentemente bien avenidos, pero que no se soportan; de señoras honorables que se divorcian a poco de haber enviudado y vuelvén a divorciarse, y reinciden en el matrimonio; de muchachos que cuando la vida hace florecer los rosales tienen un pasado en la persona esposas de las que se divorciaron y con hijos a quienes sostener y que, sin embargo, frecuentan a la ex suegra durante una cena de Navidad que debe ser en "noche de paz", con el exclusivo objeto de exhibir sus diferencias y amoralidades?
El espectador se resiste a creer, pero concluye aceptando que el autor tiene razón. En
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efecto; todo cuanto pasa en escenas sabemos qué ocurre en muchos hogares mexicanos. Claro que no todo "una vez al año", sino a lo largo de muchas. Y se siente tristeza por el mundo civilizado que tolera tales corrupciones. Moralismo aparte, la pieza de Solana está estupendamente dialogada y todos sus personajes son movidos con habilidad de gran titiritero que hace de ellos lo que les viene en gana, sin que el hilo que los mueve se vea, porque lo oculta el ingenio del movilista. Tengo para mi que Una vez al año es la mejor pieza que Solana ha escrito hasta la fecha.
Manolo Fábregas dirigió esta obra con su característica fertilidad y buen gusto. Creyó oportuno agregarle a la historia un estrambote porque le pareció que el final del tercer acto era flojo. En realidad ni quita ni pone nada al problema social que entre bromas y veras expone Solana con fina inteligencia de comediógrafo cimero.
La interpretación resulta excelente. Los actores están en sus personajes. Marilú Elízaga vuelve a la escena para hacer uno de los hechos a la medida de su talento y de su exquisita gracia de dama madura. También vuelve a la escena Tito Junco, que se muestra menos seguro que Marilú, pero no desentona. En el equipo de jóvenes todos se encuentran dentro de sus respectivos personajes y esto resulta facilita al cronista, sinodal en este caso, para poner un "sobresaliente" a Raúl Farrell, Marina Marín, Miguel Suárez, Rafael del Río, Rosa María Vázquez, Graciela Doring y Blanca Fauce. La escenografía de Antonio López Mancera, bella y funcional.
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