Hace días subió al escenario del teatro con que cuenta la Universidad Obrera de México, una pieza del laureado autor Emilio Carbadillo, en representaciones destinadas a público de invitación.
¡Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz!, es el título de la pieza de Emilio Carballido, en un acto largo, largo, porque va más allá de los límites de la duración normal. Es un acto que dura casi dos horas. ¿Qué pasa en escena? Pues... propiamente poco, muy reiterado. Carballido define su pieza como farsa y nosotros lo aceptamos, pero no podemos evitar el recuerdo del ya hace tiempo sepultado "género-chico-político-mexicano". Casi lo vimos nacer, cuando las luchas entre revistas" -clavel rojo en la solapa- y "corralistas" clavel blanco en la ídem-, hasta los tiempos de Morones y finalmente de Maximino, el pintoresco secretario de Estado.
Después vino el teatro de los jóvenes de entonces, autores maduros ahora. Todo aquel teatro que era de carácter político, tan alegre, divertido y valiente en sus "mensajes" como éste que Carballido pretende transmitir. Lo que él dice ahora, aceptando un poco la versión de que es un autor perseguido por sus ideas avanzadas, resulta inocente al lado de lo que denunciaban al pueblo autores del género chico verdaderamente revolucionarios, José María Romo entre tantos, o Pepe Elizondo, al que una zarzuela política le |
valió un destierro de cinco años en La Habana. Lo que antes era una zarzuela o revista política, es lo que ahora Carballido compone con gracia, intención y habilidad escénicas. Esta que comento tiene como punto de partida la pobreza en algunas regiones del país, en el norte particularmente, muy cerca del río Bravo, cuyas aguas se tragan a un infeliz campesino que trata de cruzarlo. El tema lo aprovecha Carballido para escribir infinidad de sketches, ensartados en el hilo de un corrido popular.
Algunas estampas son trágicas o graciosas; otras se quedan en estampillas, que ni con la goma del corrido, pegan. ¿Que en ella se dicen cosas valientes? Sí; pero mucho menos calientes que las que se dijeron durante la Revolución dirigidas a quienes se habían hecho del poder con las armas en la mano.
Intervienen en la representación, en equipo bien disciplinado, Yolanda Guillaumin, Julia Marichal, Socorro Merlín, Laura Oseguera, Raúl Boxer, Oscar Chávez, David Espinosa, Sergio Jiménez y Solís Caballero, bajo la dirección profesional de Dagoberto Guillaumin. Para evitar telones u otros trucos, los actores se visten y se transforman en escena; ellos mismos hacen las funciones de tramoyistas. Al final, todos son aplaudidos con calor, porque lo han puesto tan generosamente que el público cree que alusiones políticas tan tremendas como las de Carballido no se han oído nunca en el teatro de autores mexicanos.
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