|
La empresa del Teatro Negrete cumple lo que promete, y el cronista, notorio de estos acontecimientos, levanta el acta respectiva. La dicha empresa convoca al público metropolitano a un espectáculo que define con "disparate cómico en tres actos". Lo titula Genovevo. Lo mismo podría haber elegido cualquier nombre masculino. Claro que no hay fenómeno sin causa, y la causa del fenómeno que se resuelve en un disparate escénico en una pieza de teatro del ya muy antiguo y en su tiempo muy estimable autor francés A. Bisson. Este comediógrafo francés, maestro en el arte de enredar situaciones, ideó una muy divertida a propósito de un hombre que sabía vivir con mujer propia y una "entretenida", como pudorosamente se decía de las amantes con casa y criados antes de la primera guerra mundial. Pues bien; muere este señor y aparte de algunos bienes materiales deja a sus dos mujeres un retrato, que es clave de situaciones cómicas. Las dos viudas se conocen pero ignoran su verdadera situación hasta las últimas escenas del tercer acto, como es usual en las comedias francesas de enredo. Se decía hace muchos años, una pochade. Ahora, más compasivamente, se le llama farsa. |
dos docenas de adaptaciones. Esta que se representa en el Teatro Negrete está situada en México. Sus protagonistas son los magníficos y muy aclamados, y ¿por qué no decirlo?, muy descarriados actores Óscar Ortiz de Pinedo y Emilio Brillas. ¡La de disparates que dicen y hacen estos dos actores en este gran disparate en que ha venido a quedar una ingeniosa comedia de Bisson! El cronista consigna en esta acta informativa, que el público de la noche del estreno no tuvo más remedio que reir a mandíbula batiente, como se decía en los tiempos de Vital Aza a Muñoz Seca. No hay otra cosa que hacer con este disparate que reir. Un notario público, o un cronista de teatro, da fe de sucesos dramáticos o cómicos. Es su deber.
|