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He asistido a todas las funciones de estreno de la fecunda producción teatral de Margarita Urueta desde ... hace muchos años, hasta el miércoles último, puesta en el escenario de un pequeño teatro construido por ella misma, en el número 292 de la calle de Puebla, y al que bautizó con el nombre de su padre, el gran orador Jesús Urueta. Escenario pequeño y lunetario con 200 butacas. Este, acogedor; el escenario limitará mucho la acción de futuras representaciones por lo precario de sus áreas de actuación. |
inteligencia de los perros, a los que, a veces, les es tan necesario el don de la palabra. Ya representada, la pieza es otra. La paranóica imaginación del director Alejandro [Jodorowsky] la colmó de piruetas, de trucos, y de sorpresas, de esas idas y venidas que tanto preocuparon a fray Luis de León porque, a la postre, resultan de negada utilidad; de malabarismos, de "movimientos" para cada palabra, de una voz gangosa que anunciaba en forma ininteligible quién sabe qué cosas; trajes absurdos, pero bien resueltos; escenografía de Felguérez que es como una pesadilla de Poe. En el último acto, en el que hay menos de todo eso, o al que el público está ya resignado, la acción de la pieza de Margarita sube y se apodera del público, porque la actuación del perro, a cargo de Eduardo Borja es de una realidad conmovedora. Magda Donato cumple con la caricatura de personaje que le marcaron, igual que Carlos Ancira, cuyo talento dramático merece encauzarse por otros rumbos; cumple Juan de Saro igual que la niña Vicky Aguirre. Una hermosa muchacha de origen extranjero Erika Carsson, luce e inquieta en la escena, porque es muy bella, pero aún no es actriz y este es requisito indispensable para actuar en los escenarios.
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