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La novela de La ballena blanca, en el teatro Xola

Armando de Maria y Campos

   Tendrá trascendencia en nuestro ambiente la representación de la fábula de La ballena blanca, invención del novelista Herman Melville, norteamericano de nacimiento, que vivió de 1819 a 1891 y escribió su novela, ahora representada como pieza de teatro, cuando andaba en los 31 años de su edad. Moby Dick es el nombre de la blanca ballena de este relato, que cobró vida en imágenes al ser llevado el film con el inexplicable título de La fragata infernal. Ahora vuelve al plano de la actualidad convertida la novela en pieza de teatro, en adaptación que, para salvar las dificultades de cruzar los mares y cazar ballenas en un escenario, se simula todo durante un ensayo de actores. Así el espectador, de acuerdo con sus posibilidades imaginativas, crea la acción, la ve y la goza.
    Tendrá trascendencia, repito, esta representación que cumple con fidelidad el programa de divulgación y entretenimiento sano y digno que se ha trazado el Patronato para la Operación de los Teatros del IMSS, porque dejará satisfechos por igual a los grupos mayoritarios y a los minoritarios, a los intelectuales y al ciudadano de cultura media. El adaptador de la novela Melville es el en su tiempo inquieto actor Orson, quien pensó en sí mismo para interpretar al terco pescador que

 

muere destrozado por la nívea ballena feroz. Su libreto fue traducido con pulcritud por Ignacio Retes y Julio Prieto; se oye fluido porque tiene acción.
    Orson Wells trató de salvar los escollos de interpretación y presentación del tremendo drama marino que conmovió a los lectores románticos del siglo anterior, imaginando que se ensaya la representación colmada de episodios patéticos. Lo logró en la medida del poder imaginativo de cada espectador. Los actores se ven obligados a actuar dándole vida a esta ficción, que no alcanza a ser ficción teatral. Se ensaya, nada más, como pudo imaginarlo, en su tiempo, Pirandello. Ayuda un poco a todo esto la escenografía, que no existe aunque parezca paradoja, realmente extraordinaria.
    Los actores dan vida a este extraño e interesante espectáculo y es leal reconocer que ponen talento y corazón para pescar, antes que a la ballena blanca, la atención de los espectadores. Es justo mencionar a todos los intérpretes, pero el espacio es corto. Narciso Busquets está en todo momento en gran actor, y le dan réplica justa Aarón Hernán, Héctor Andremar y Jacqueline Andere. Personaje visible e invisible que merece lugar aparte en este comentario, es la iluminación de Prieto, que crea un mundo de sombras y de claridades sin paralelo en nuestra historia teatral.