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Inauguración de la temporada de Comedia Francesa en el Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

    Con la asistencia oficial del señor presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, se inauguró el jueves la temporada de comedia francesa en el teatro del Palacio de Bellas Artes. Acompañaron al Primer Magistrado de la Nación los secretarios de Estado de Educación Pública y de Gobernación, el subdirector de Bellas Artes y el subsecretario de Relaciones Exteriores. Recibió al Primer Magistrado y a los personajes oficiales que le acompañaban el embajador de Francia en México, don Raymond Offroy. Se tocaron los himnos nacionales de México y de Francia, y el público, que llenaba gran parte del lunetario, aplaudió cariñosamente al primer magistrado.
    En seguida, y después de los tres golpes clásicos del bastonero, fue izada la cortina de terciopelo gris y dio principio la primera función de la comedia francesa, grupo que actúa normalmente en el teatro de la plaza Richeliu, con la representación de la pieza en un acto, comedia de costumbres de su tiempo, Un capricho, de Alfredo de Musset, con Annie Ducaux, Genovive Casile y Francois Chaumette en los principales personajes de la intriga; decorado y vestuario de Pierre Clayette y mise en scéne de M. Maurice Escande. Este fue el entremés de la noche. En seguida fue presentada la comedia en tres actos, en prosa, de Molière, el gran clásico francés, padre del teatro galo,

 

Las travesuras de Scapin, por Robert Hirsch en el personaje central; Jacques Charon, Paul-Emile Deiber, Jacques Toja, Michel Aumont, René Camoin, Michel Bernardy y Micheline Boudet, Denise Gence, Paule Noelle. Decorado y vestuario de Robert Hirsch, lleno de colorido y alegría, mise en scéne muy ágil y graciosa de Jacques Charon.
    Los magníficos actores causaron la mejor impresión, y para el gusto personal del cronista, que no hace otra cosa en este caso que levantar acta notarial de una efemérides, los que mejor desempeñaron sus personajes fueron Francois Chaumette, de purísima y deliciosa dicción y Robert Hirsch, que animó un Scapin con extraordinario derroche de matices y gracia masculina. Todo el resto de actores, por supuesto, a la altura de su categoría suprema de artistas de reconocida y probada calidad: No sería discreto en breve nota de bienvenida y gratitud hablar de Molière y de Musset como si se tratara de autores que se encontraran ansiosos de efímeros elogios La Comedia Francesa es lo que es, desde hace siglos, y Molière y Musset, igual; actores, directores y técnicos, seleccionados entre lo mejor de Francia. Nosotros los recibimos con los brazos de la emoción y de la fe teatral abiertos en cruz y los estrechamos con el calor de una bienvenida cargada de reconocimiento y cordialidad.