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Una pantomima acuática frente a un mural extraordinario

Armando de Maria y Campos

    Para inaugurar un mural instalado en una larga pared de un balneario que se encuentra a la altura del kilómetro 58 de la calzada México-Puebla, se organizó para la noche del jueves 5 la representación de una extraña y atractiva pantomima con ilustraciones de ballet, titulada Canto al océano, definida por su autor como drama poético. Esta fantasía (se aclara) que está inspirada en un poema, lo que da motivo para que una voz a través de varios reproductores de sonido de suelta una imaginación desbordada en temas relacionadas con el océano, el amor, la aventura y las inexcrutables profundidades del corazón humano. La noche de presentación de este espectáculo titulado Canto al océano, el texto recitado por el actor Carlos Ancira llegó al numeroso auditorio, de más o menos mil personas, poco claro, por deficiencias del sonido o de sus reproductores. El Canto al océano tiene un fondo musical ysus estrofas están ligadas por efectos sonoros relacionados con el mar, que en ocasiones prenden la emoción del espectador y le hacen suponer que no está frente a una alberca inmensa, sino contemplando un ángulo del océano inabarcable en los límites de la imaginación más exaltada.
    Seis ballets ilustran este canto. El cuerpo de ballet está bajo la dirección de Javier Francis cuya actuación y la de sus nueve bailarines de ambos sexos, es excelente y luminosa en

sorpresas, porque las luces si están muy bien manejadas. Intervienen en varias escenas de sugerencias diecisiete mimos, también de ambos sexos, y a pesar de la distancia en que se halla el público, en una especie de mirador al frente del friso de Manuel Felguérez que motiva este espectáculo, sus acrobacias se advierten con claridad. Tan diversos elementos, bien mezclados, constituyen un impresionante espectáculo que tiene por base -ya está dicho- juegos de imaginación.
    Pero el verdadero espectáculo lo constituye el magnífico, original, precioso y armónico mural de cien metros de largo construido por Felguérez con cerca de veintiocho mil conchas de ostión, además de dos mil de concha nácar y doce mil trescientas de abulón, y trescientas piezas de ostión del Pacífico, todas ligadas con mil ochocientos kilogramos de alambrón, instaladas mediante ocho toneladas de cemento; veintiún metros cúbicos de arena, quinientas aleyatas forjadas; redes, filtros, fotografías, que necesitaron de una mano de obra de dos mil seiscientos hombres bajo la dirección técnica y la imaginación de Felguérez. ¡Obra extraordinaria en su género, que vale la pena verse bajo el sol del día o por la noche, iluminando como ahora, con o sin Canto al océano que sirvió de pretexto para mostrarlo a atónitos espectadores una tibia noche azul del mes de abril que corre!.