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Reintegrado físicamente a México después de haber estado frente a varios escenarios europeos, del Medio Oriente y Oriente, desentumecidad las piernas del largo viaje por el aire, acudo al primer teatro abierto que encuentro en la ciudad de México. Elijo entre dos. En uno se exhuma una comedia extraordinaria, famosa en el mundo de habla española, de Juan Ruiz de Alarcón, en el otro se desprende de las páginas de un antiguo libro de versos la flor marchita de una zarzuela sin música de Federico García Lorca. Un natural impulso patriótico me lleva a la Sala Cinco de Diciembre para oír y ver la comedia del autor de Taxco, con la que nació la comedia de costumbres en habla castellana. |
No es fácil hacer llegar al público contemporáneo textos como este de Ruiz de Alarcón, escrito para el público de Madrid y provincias del año de 1617, por cierto, según frase del editor español que imprimió esta con otras siete comedias de nuestro ilustre paisano, después que había "pasado la censura del teatro". Los actores de la sala Cinco de Diciembre, a la cabeza de ellos y muy dignamente, Elda Peralta, ¿sabrán lo que dicen, calaron en el profundo sentido del pensamiento alarconiano? Lo difícil de representar teatro clásico, particularmente el del siglo de oro español, por actores de siglos posteriores, está en entender y saber expresar y sentir lo que dicen, muchas veces preocupados en el ademán y en el movimiento que en la clara dirección y la puntuación melódica y ortográfica. Salvan con donaire este escollo Elda Peralta, Carlos Ancira y Farnesio de Bernal en particular. En Méjico la fama
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