Resaltar búsqueda

Los poseídos, de Dostoievsky y Camus, en el teatro del Bosque

Armando de Maria y Campos

    Asistí a la segunda representación de Los poseídos -primera formal, porque la de la víspera había sido de invitación- una noche espantosamente fría, que ponía el humor de los diablos. El Teatro del Bosque es auténtica heladera para refrigrar cualquier entusiasmo. No obstante la noche helada y el escaso auditorio tiritando de frío, del otro lado de la cortina de la ficción un grupo de jóvenes actores miembros del Estudio de Investigaciones Escénicas, A. C., se batía denodadamente contra la curiosidad y la buena fe de un público ansioso de ser sorprendido, representando la adaptación de Alfred Camus de la novela de Dostoievsky Los poseídos
    La verdad sea dicha, todos estábamos ansiosos de presenciar un buen espectáculo cargado de sorpresas. No fue así, a mi manera de ver. Nunca he creído que la novela debe ser llevada al teatro y menos en casos de una obra tan difícil de condensar y reducir a los límites de un escenario material como esta extraordinaria narración de Dostoievsky. Horas antes había conocido unas declaraciones del director Juan José Gurrola, talentoso alquimista del teatro e investigador constante de la escena, exponiendo que la interpretación, o el interpretar un personaje, para nosotros (para su grupo) está totalmente prohibido. Hay algo de desviado, de torcido, en el tratar de interpretar un personaje en una obra. Y agregaba: “la actuación debe nacer de una especie de explosión o de un momento explosivo, en que se estructura toda una serie de sensaciones y de espacios, de colores y de rostros, para plasmar con veracidad lo que con anterioridad escribió el autor:

atrapando el espíritu de su pensamiento y expresándolo concretamente con la actuación...” Algo hay de todo eso en la creación escénica del grupo que dirige Gurrola. Sólo que considerado el teatro como teatro, la narración escénica de una novela, apoyada en las explicaciones de un personaje que lleva la voz del novelista, resulta antiteatro, por buenas y claras que sean las explicaciones de un director que como el caso de Gurrola afirma: “No puede una obra ser realmente teatro sin que haya un cambio definitivo entre lo que fue la obra escrita y lo que es ya en escena. Yo en lo particular -continúa Gurrola- nunca hago caso de las acotaciones, ya que las considero, como apoyos innecesarios.”
    Lo que da por resultado que Los poseídos venga a quedar en una representación confusa y audaz. Gurrola filmó, y el film no resultó afortunado, el capítulo de la novela que Camus desechó. Como experimento teatral, como investigación escénica, es excelente y digno de verse. Ni un paso más allá, como tampoco un paso atrás.
    Los participantes en la representación -excluyamos de plano el término de intérpretes- no tienen más afán que dar la impresión de vida animando un cuadro de situaciones y de ideas que admitimos y gozamos como piezas de museo que cobran nueva vida al entrar en movimiento.
    La representación a que asistí no calentó nuestro entusiasmo. La noche era fría y la ilusión escendida. Sin embargo, con el público, aplaudimos calurosamente al director y a todos los miembros del Grupo de Investigaciones Escénicas, A. C., que dan la cara al público, y más, a su afanoso director.