El éxito personal y de taquilla que hace años alcanzó Rambal con un monólogo de Horacio Ruiz de la Fuente despertó en María Tereza Montoya el propósito de experimentar ambos éxitos. En su oportunidad pidió al autor español compusiera otro para ella y Ruiz de la Fuente puso en manos de nuestra gran actriz un monólogo en dos actos al que tituló La muerte da un paso atrás.
El monólogo de Horacio Ruiz de la Fuente es curioso ejemplo de teatro acedo que sólo una actriz del genio dramático de María Tereza Montoya puede lograr se oiga y vea en serio. Hagamos a un lado la buena interpretación del autor, que no conoce la profundidad dramática de la actriz para la que escribió una pieza cargada de situaciones convencionales, para no distraer nuestra atención de la forma de hacer teatro de María Tereza, que la ha colocado entre las primeras grandes actrices dramáticas de su tiempo; forma o estilo que atrajo ella y con ella se irá.
Elemental discreción de cronista nos impide |
revelar el débil argumento del monólogo de Ruiz de la Fuente. Concretemónos a declarar con toda nuestra buena fe de amante del teatro que María Tereza da una lección viva de gran actriz. Lástima que a Ruiz de la Fuente no se le ocurrió imaginar para el monólogo que le pidió la Montoya zurcir escenas de las piezas que le han valido triunfos mundiales a la actriz mexicana. Este es el monólogo que nos debe la señora Montoya.
Por ver dos horas y media a María Tereza y su montoyismo único, el público de México debe sacrificarlo todo. Vean, señores, a María Tereza Montoya en pleno montoyismo, realizar el milagro de ser ella y dar vida a situaciones dramáticas absurdas, sin dejar de ser humana.
La escenografía de David Antón aparece barroca, pero cuando la Montoya actúa desaparece en absoluto. La dirección de Ricardo Mondragón vence las dificultades de meter en el cauce de raquítico arroyuelo las tempestuosas aguas de un océano. María Tereza fue aplaudidísima.
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