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Un misterioso traductor y adaptador acaba de entrar en circulación en nuestro medio teatral, y no decimos que afortunadamente porque faltaríamos a la verdad. Este adaptador con pujos de traductor no es un hombre, sino dos: Mauricio y Rafael (Mau-Ra), cuyos correspondientes apellidos son Garcés y Banquells. El misterio está descubierto. Mauricio Garcés y Rafael Banquells se metieron de hoz y coz en una comedia que al parecer se titula Send me no flowers, e hicieron de ella lo que se puede hacer usando de la hoz -para titular- y de la coz para rematar la obra. La comedia No me manden flores, está totalmente re-matada. |
para que cada uno de sus personajes no resulte Emilio Brillas; de Adriana Welter, bella y graciosa, pero visiblemente enmohecida como actriz, queda una farsa que los paladares gruesos soportan y más si están habituados a los anuncios de la televisión, de los que Mau-Ra sembraron el diálogo inocentón de la comedia norteamericana sin más propósito que el de esperar que la cosecha fuera la carcajada mitad regocijo, mitad contenida indignación. El tema es simple. Un marido joven aprensivo, que por un quid pro quo telefónico cree que va a morir en dos semanas, trata de dejar casada a su inminente viuda, tonta de remate. Intervienen otros personajes para trenzar algunos incidentes; pasan tres actos; ríe un público de buena voluntad y al final se impone un modesto balance: Emilio Brillas; Garcés, que aún no alcanza la categoría de actor de teatro, riendo los chistes de la comedia ¡el colmo!; Adriana Welter que pasa como estrella que parpadea antes de apagarse y Carlos Agosti y Luis Gimeno dejándose ver como actores de oficio. La escenografía de David Antón es más arte de arquitecto que creación para establecer con propiedad y ponderación el sitio en que se vive una ficción teatral.
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