El nuevo autor teatral norteamericano, muy probablemente de origen israelita, Neil Simon, que se dio a conocer como autor de libretos para televisión, y con una comedia musical titulada Catch a Star, actividad que ha constituido un magnífico ejercicio para alcanzar logros mayores, escribió una pieza titulada Come blow your horn, que su traductor al castellano, Antonio J. Carvajal, actor y director de programas de TV, tradujo con el título tal vez no muy certero de Mis queridos patanes. Ha sido estrenada recientemente en Nueva York y ha constituido un éxito, principalmente entre la numerosa colonia israelita de la gran urbe norteamericana.
Porque la comedia de Simon lleva a la escena el conflicto de muchas familias de origen israelita que hacen su fortuna en los Estados Unidos, fundan una industria, no importa que en este caso sea tan sencilla como la de empacar frutas; trabajan las horas del día que sea necesario hasta alcanzar una posición desahogada. El señor Baker, papá israelita, que no ha acabado de adentrarse en los misterios del idioma de O'Neil y conserva muchos modismos de su tierra de nacimiento, aspira a que sus hijos mejoren su negocio. La señora Baker es una israelita típica, fiel a sus costumbres y tradiciones, a su moral y al gobierno honesto de su hogar y nunca imaginó que sus dos hijos, se propusieran hacer la vida libre e independiente que realizan tantos norteamericanos jóvenes, de distintos orígenes. El hijo mayor ejerce la profesión de... conquistador de muchachas fáciles e induce a su hermano menor a que siga sus pasos y aventuras. Se enteran los padres, y reciben la sorpresa de su |
vida, pero estos problemas mínimos se arreglan al fin como en el teatro y en todas las familias israelitas o no. El hijo mayor se casa y probablemente hará lo propio el segundo, que sigue los pasos del primogénito. Eso es todo.
Pero en eso, el autor logró meter escenas agradables unas, anecdóticas, otras, hilarantes en su mayoría, que si bien exhiben la forma de vivir de una familia israelita en Nueva York, no lastiman para nada ni sentimientos ni costumbres de esta raza tan trabajadora y útil a la humanidad. Todo se desenvuelve en un aire de farsa inofensiva.
Superior a la obra es la interpretación por parte de Berta Moss, que confirma sus notabilísimas condiciones de gran actriz. No ondula ni un instante la línea recta que le marca su difícil papel, tan propicio a las caídas de mal gusto.
Eduardo Alcaraz se muestra más medido que nunca y hace gala de su reconocida vis cómica. Guillermo Murray como el tenorio profesional que claudica, logra hacerse simpático y atractivo, y con éste son tres argentinos los que intervienen en esta pieza. Fernando Luján se está desenvolviendo como un magnífico galán. Cuando está en escena parece que solo está él. Alma Delia Fuentes y Rosa María Vázquez, atractivas, dando con su presencia y estudio la fina nota femenina que es indispensable en toda comedia de aventuras amorosas que no se ven. La dirección de Jorge Landeta, correcta. La escenografía de David Antón, funcional, invitación constante para que los solteros tengan un refugio como él ideó para Allan y Tommy Baker. |