Se pregunta el experimentado cronista si su responsabilidad como informador lo obliga a concurrir a todos los actos de la materia que informa. Los jóvenes actores del momento se quejan de que la crítica periodística otorga poca atención a sus actividades. Ellos hacen teatro, dicen, como el resto de todos los profesionales que actúan en la totalidad de nuestros escenarios. ¿Por qué no les prestamos atención? Respondo, por lo que a mi tribuna se refiere y también, porque considero de mayor responsabilidad la crítica al actor joven y al teatro de orden experimental que a la que por sí mismo hace el espectador acudiendo a representaciones de escasa o ninguna categoría.
Porque el caso de la autora Luisa Josefina Hernández es distinto acudí con interés a la sala Villarrutia a conocer su nueva obra, en dos actos, Escándalo en Puerto Santo representada por alumnos de la Escuela de Arte Teatral del INBA. La señora Hernández, excelente autora desde su primera pieza es, actualmente, profesora de composición teatral de la UNAM. Ahora parece entregada a la pasión que desde 1923, no de ayer como quien dice, ha despertado Bertold Brecht. Luisa Josefina Hernández considerando que, desde siempre, es quehacer del teatro, como de todas las demás artes, entretener a la gente, compone sus obras con ese propósito procurando, y lográndolo, desde luego, darles una vibración de nacionalidad mexicana. En plena madurez la señora Hernández hace un teatro en el que se narra y actúa. Escándalo en Puerto Santo es una pieza en la que se actúa la vida íntima y pública en un escondido pueblecito veracruzano llamado Puerto Santo. La señora Hernández nos pone frente a este pueblo y sus habitantes más caracterizados, usando para ello veintisiete cuadros o escenas, cuyo "cambio" se hace a la vista del público. En el teatro de Brecht, que en México fue revelado con Esperando a Godot,* hay un intenso "juego escénico" que le da vivacidad extraordinaria. |
Lo mismo ocurre ahora con Escándalo en Puerto Santo, producción en la que los actores propiamente no viven, sino que imitan a sus personajes. Es natural que así sea. Primero, se entretiene al público y en tanto que se le entretiene se le va dando, escena, por escena, la cápsula de un mensaje. En Escándalo en Puerto Santo, Luisa Josefina Hernández revela cómo un chisme bien organizado revela las intimidades de los ricos, los burgueses y los pobres de aquel puertecillo jarocho y todos, complicados en una intimidad que los revela como simples seres humanos, se dan cuenta de que pueden vivir la vida sin estar cautivos en sus respectivas clases sociales. La obra de la señora Hernández escrita con lenguaje realista tiene escenas muy bellas otras muy cómicas y todas muy entretenidas. El teatro, pues, cumple con su misión de entretener a la gente.
Murió Brecht. ¿Seguirá imitándose su teatro? ¿Hizo Brecht escuela? La verdad es que ahora no se puede hacer teatro mediante fórmulas: realismo, naturalismo, simbolismo, expresionismo. Las escalas de valores están subvertidas, los viejos axiomas se discuten, las divisiones desaparecen. El teatro es simplemente teatro: entretener con dignidad, con habilidad, tribuna y, desde ella, mensaje vivo. Vale la pena que el espectador amante del teatro conozca Escándalo en Puerto Santo, dirigido con mucha habilidad por Dagoberto Guillaumin y actuado, con pasión, amor y estudio por veintiún actores-alumnos cuyos nombres es lógicamente imposible consignar en esta crónica y cuyos méritos apuntan más en unos que en otros como ocurre entre los escolares de cualquier materia.
*N. de la E. Confusión del autor, aun cuando sí se refiere a Brecht, la obra Esperando a Godot es de Samuel Beckett.
|