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Mi otro marido comedia de Alfredo Varela en el teatro Negrete

Armando de Maria y Campos

    Durante la década de los veinte, los traductores españoles, autorizados por la Sociedad General de Autores, encontraron diversos caminos para burlar la propiedad intelectual de los nacidos fuera de su país. Sin pedirles la autorización legal para producir una traducción que respetara los derechos de propiedad intelectual, llamaban a las que hacían adaptación de tal comedia, arreglo de tal comedia, inspirada en tal comedia, derivada de tal comedia. Unas veces mencionaban a los autores originales y otras se limitaban a señalar que se trataba, por supuesto, de una obra de origen extranjero. Al público de España o de Hispanoamérica le importaba poco que la obra hubiera sido escrita por Fulano o por Mengano. Si le divertía, salía satisfecho; si no le gustaba, le volvía la espalda.
    Algo ocurre con las piezas en que mete mano el dinámico actor Alfredo Varela, que está en el teatro desde sus días pre-natales. Se las sabe todas, y para adaptar o arreglar una obra a la medida del personaje que le corresponde o de la Compañía para la que trabaje, supera a los más

hábiles arregladores españoles a que me he referido antes. Este es el caso de la pieza que ha adaptado y adoptado para la Compañía que actúa en el teatro Jorge Negrete, con el título de Mi otro marido, de la que parece que son autores iniciales Ives Mirande y Menzy-Eon. Pero ésto no tiene importancia. El público pasa de carcajada en carcajada la representación de esta divertida comedia de enredo y situaciones a la que el propio Varela, Polo Ortín, Óscar Pulido y Guillermo Orea -vaya póker de histriones- le dan un aire de farsa que en ocasiones salta las fronteras de este noble género para invadir los terrenos de la bufonada.
    Se presentó como actriz de comedia Kipy Casado, de larga actuación en la revista, en la telenovela y en el teleteatro, y cumplió dejándose ver al lado de tan peligrosos actores de comicidad tan gruesa como arrolladora. La señora Yuyú compuso una ingenua picaresca que reclama el elogio. La escena está puesta con buen gusto y discreción, y el público ríe, que es el único fin -corto destino- de esta comedia expósita.